sábado, 31 de enero de 2015

Acerca del Equus Nobilisimus


Ahora bien, con respecto a la cacería del prístino unicornis... Habeis de saber que tal creatura no es de sencillo abarajamiento. Muchos son los que han intentado lograr tal proeza infructuosamente. Esto se debe a que la bestia sagrada es de hábitos desconocidos para el homem. Tal es como nos lo narra Benito della Sambrolla: "Me encontraba defecando en un claro del bosque. Giovanna le había puesto a los chinchinelli arándanos de más y yo andaba con las tripas en revoltijo. Grande fue mi sorpresa cuando noté la presencia de un animal que me observaba. 'Qué desubicado, estoy cagando' pensé. La creatura salió de su lugar entre los árboles. Entonces le vi en todo su esplendor. Se trataba del legendario Aunicorniae (también llamado Aeueniecornieaeue en alto latín). Acaricié su testuz, arrobado por tanta hermosura. Pero perdí conciencia de mi situación y sin quererlo, pedorrié. La sacra bestia entre sorprendida e indignada me corneó. Yo por mi parte manoteé un sorete y se lo arrojé. Al llegar a casa, después de vendarme un pulmón, lloré porque mi encuentro con la inmaculada bestezuela de los bosques se hubiera dado así..." Tal fue la paupérrima experiencia de este infeliz. Allí se nos revela la naturaleza del excelso unicornis, una bicha mansa pero orgullosa. Con la llegada de la calesita en el siglo XV la población de este noble animal disminuyó drásticamente. Y estando ahora en el año 1764 desde el esguince y recuperación de Nuestro Señor, se me enllenan los ojos de lácrimas al pensar que tal vez pronto no se vuelva a ver ya más a tan sublime equino galompando por los valles.