En
esa época andaba muy mal. Estaba contrariado con la vida, me
levantaba y me iba a dormir con un nudo en el pecho. Me oprimía y
entristecía el sólo hecho de existir. Cierto día de radiante sol,
tuve un extraño impulso. Sentí la necesidad de alejarme de la
ciudad, de ir a la naturaleza. De caminar por la hierba, escuchar el
canto de los pájaros, de oír el sonido de un manantial, de
contemplar las nubes en calma. Un corto viaje y me encontré en las
montañas. Pasé horas disfrutando de estar en tan diáfano lugar,
después de semanas de malestar sentí mi alma alivianada. Al
atardecer comencé a caminar entre valles y colinas. Iba como en una
especie de trance, algo me señalaba que tenía que seguir. Al llegar
a una ladera me detuve. Las primeras estrellas ya aparecían en el
firmamento. Observé el paisaje disfrutando de la calma del lugar y
luego.. perdí el conocimiento. Al despertar me encontraba en otro
sitio. Ahora las estrellas brillaban intensamente, bellas y
distantes. Me hallaba de frente a un enorme pórtico tallado en la
misma roca del cerro. Me sentía expectante, algo estaba a punto de
ocurrir. De repente estaba ahí, en el umbral. Lo primero que vi fue
el rostro. Había algo de majestuoso y antiguo en él. Sus facciones
transmitían paz y poseía una gran belleza. Pero había algo más.
Aún hoy en día me cuesta ponerlo en palabras.. Algo sobrenatural y
terrible emanaba de ese rostro. Un poder enorme vibraba en la mirada
de ese ser. Era sobrecogedora, por un momento sentí temor. Irradiaba
una energía imponente e indescriptible. De pronto lo supe, no era
humano. Al menos no en la forma que solemos usar esa palabra. Cobré
consciencia de su tamaño, era gigantesco. “Parezco un niño a su
lado” pensé, no sólo por la diferencia física. Me vi como una
insignificante y miserable criatura ante su excelsa presencia.
“Pobres de nosotros los humanos” continué pensando. Y como si
estuviera escuchando mis pensamientos, su mirada cambió. Me observó
con compasión, casi con lástima. Ahora me arrollaban oleadas de
amor, un amor que ni remotamente se parece a lo que yo conocía hasta
ese momento de mi vida. Y entonces comenzamos a hablar. Digo hablar a
falta de un término más adecuado, porque era un intercambio de
espíritu a espíritu. Fue la experiencia más hermosa de mi vida.
Había en este ser una sabiduría, inteligencia y sentimientos tan
profundos.. creí que mi mente y mi corazón iban a colapsar.
Lo
próximo que recuerdo es que volví a estar en la ladera donde había
perdido el conocimiento. Caminé como en sueños por los valles
mientras las montañas reposaban en una noche apacible.
Volví
a mi hogar. A muy pocos les conté sobre la experiencia. Me da la
sensación que no es necesario que ande hablando sobre eso. A veces
pienso si tengo que compartir lo que sucedió, dar un mensaje para la
gente. Pero algo me dice que no.. que es mejor compartir mi historia
sólo con quienes sé que la van a valorar. Hay mensajes que no son
para todos, al menos todavía.
Y
cuándo en ocasiones veo hechos horribles y espantosos que ocurren en
este mundo, me acuerdo de ese día. Me acuerdo que hay seres que nos
cuidan y velan por la humanidad. Me acuerdo que hay un lugar en dónde
siempre brillan las estrellas en paz. Me acuerdo que cuando andaba
mal, alguien que ni conocía me tuvo presente y me invitó a pasar un
día en el campo, a sentir el pasto entre mis pies, a oír los
pájaros cantar y contemplar el cielo tirado en la hierba.