miércoles, 25 de agosto de 2021

Gloria en las alturas

 

Estaba distraído, con la mirada vacía. De repente un brillo intenso dibujó un trazo en la bóveda celeste. Una estrella fugaz atravesó el cielo nocturno. Extasiado, contemplé como esa luz danzante se manifestaba. Efímero despliegue cósmico de una belleza incomparable. Mi espíritu se inflamó ante el diáfano espectáculo celestial. ¡Quién pudiera viajar por la bastedad del espacio como ígneo mensajero radiante! ¡Transitar el universo como heraldo de los astros! ¡Quién pudiera ser portador de la llama de la eternidad! ¿Por qué has venido a perturbar mi rastrera existencia? ¿No sabes acaso que tan solo soy una miserable criatura hecha de polvo? ¿Acaso ahora anhelaré para siempre ser como tú y vagar libre por el lienzo infinito de la Creación?”

- Eu

- Eh?

- Ya están los choris

- Ah, sí. Ahí voy




Palabras de Álanthar, de la estrella Alcyone, en el Congreso anual de la Confederación Galáctica Nº 337451

Y que decir del hombre, ridícula criatura si las hay. Desde sus comienzos demuestra ser un verdadero pelmazo para sí mismo y todas las desdichadas bichas del planeta. Pero al mismo tiempo su situación genera lástima: ha sido arrojado a la existencia sin más, improvisadamente se diría. Como si de un amargo chiste se tratara, su propia esencia parece carecer de sentido. El mismo intelecto que lo hace destacarse entre los animales, es el que le genera las lamentables conductas demenciales y autodestructivas que lo caracterizan. En los últimos 50.000 años, donde supuestamente alcanzó el clímax de su desarrollo, solo ha derrapado de la manera mas aberrante. Hace poco tiempo, ciertos individuos (rozando la estupidez mas abyecta) han logrado sembrar entre sus congéneres la ideología de que su planeta tiene forma de cucurucho. Esto es solo un triste detalle que se suma a la interminable lista de hechos paparruchísticos que caracterizan a esta especie. Ya todos saben muy bien de su repetitiva costumbre de generar guerras, destruir ecosistemas y demás actividades que no es necesario detallar. Mi propuesta es darles a estos tragicómicos seres unos 1000 años más. Si en ese lapso de tiempo no rectifican su caminar, será necesario dirigir nuevamente un asteroide hacia su planeta. Como sabrán esto ya se ha hecho en el pasado para corregir el caso de los dinosaurios y los atlantes (que sucumbieron tras descubrir la fabricación de los embutidos). Sin más, dejo el estrado con unas últimas palabras: propongo que se le quite la tutela de la Tierra a los reptilianos. Se han hecho auditorías sobre su manejo del presupuesto y hay fuertes evidencias que han estado desviando fondos hacia un paraíso fiscal en Zeta Reticuli. Vergüenza debería darles, sabandijas interdimensionales”






El intraterrestre

En esa época andaba muy mal. Estaba contrariado con la vida, me levantaba y me iba a dormir con un nudo en el pecho. Me oprimía y entristecía el sólo hecho de existir. Cierto día de radiante sol, tuve un extraño impulso. Sentí la necesidad de alejarme de la ciudad, de ir a la naturaleza. De caminar por la hierba, escuchar el canto de los pájaros, de oír el sonido de un manantial, de contemplar las nubes en calma. Un corto viaje y me encontré en las montañas. Pasé horas disfrutando de estar en tan diáfano lugar, después de semanas de malestar sentí mi alma alivianada. Al atardecer comencé a caminar entre valles y colinas. Iba como en una especie de trance, algo me señalaba que tenía que seguir. Al llegar a una ladera me detuve. Las primeras estrellas ya aparecían en el firmamento. Observé el paisaje disfrutando de la calma del lugar y luego.. perdí el conocimiento. Al despertar me encontraba en otro sitio. Ahora las estrellas brillaban intensamente, bellas y distantes. Me hallaba de frente a un enorme pórtico tallado en la misma roca del cerro. Me sentía expectante, algo estaba a punto de ocurrir. De repente estaba ahí, en el umbral. Lo primero que vi fue el rostro. Había algo de majestuoso y antiguo en él. Sus facciones transmitían paz y poseía una gran belleza. Pero había algo más. Aún hoy en día me cuesta ponerlo en palabras.. Algo sobrenatural y terrible emanaba de ese rostro. Un poder enorme vibraba en la mirada de ese ser. Era sobrecogedora, por un momento sentí temor. Irradiaba una energía imponente e indescriptible. De pronto lo supe, no era humano. Al menos no en la forma que solemos usar esa palabra. Cobré consciencia de su tamaño, era gigantesco. “Parezco un niño a su lado” pensé, no sólo por la diferencia física. Me vi como una insignificante y miserable criatura ante su excelsa presencia. “Pobres de nosotros los humanos” continué pensando. Y como si estuviera escuchando mis pensamientos, su mirada cambió. Me observó con compasión, casi con lástima. Ahora me arrollaban oleadas de amor, un amor que ni remotamente se parece a lo que yo conocía hasta ese momento de mi vida. Y entonces comenzamos a hablar. Digo hablar a falta de un término más adecuado, porque era un intercambio de espíritu a espíritu. Fue la experiencia más hermosa de mi vida. Había en este ser una sabiduría, inteligencia y sentimientos tan profundos.. creí que mi mente y mi corazón iban a colapsar.

Lo próximo que recuerdo es que volví a estar en la ladera donde había perdido el conocimiento. Caminé como en sueños por los valles mientras las montañas reposaban en una noche apacible.

Volví a mi hogar. A muy pocos les conté sobre la experiencia. Me da la sensación que no es necesario que ande hablando sobre eso. A veces pienso si tengo que compartir lo que sucedió, dar un mensaje para la gente. Pero algo me dice que no.. que es mejor compartir mi historia sólo con quienes sé que la van a valorar. Hay mensajes que no son para todos, al menos todavía.

Y cuándo en ocasiones veo hechos horribles y espantosos que ocurren en este mundo, me acuerdo de ese día. Me acuerdo que hay seres que nos cuidan y velan por la humanidad. Me acuerdo que hay un lugar en dónde siempre brillan las estrellas en paz. Me acuerdo que cuando andaba mal, alguien que ni conocía me tuvo presente y me invitó a pasar un día en el campo, a sentir el pasto entre mis pies, a oír los pájaros cantar y contemplar el cielo tirado en la hierba.







La de siempre

 Nos ha tocado ser humanos, que tragedia. O eso parece al menos. Hasta ahora no se ha podido extraer exitosamente el testimonio de un delfín o un avestruz, por ejemplo. Pero hay fuertes sospechas de que casi la totalidad del resto de los animales la pasa mejor que nosotros. Ni siquiera estamos seguros de pertenecer del todo a esa alegre familia. Y ahí ya se empieza a ver cual es nuestro problema... pensamos. Algunos podrán decir que gracias a eso hemos llegado tan lejos. Pero estoy seguro que si algunos seres más evolucionados se pusieran como jurado de los habitantes de este planeta, con suerte estaríamos peleando por el décimo lugar con los grillos topo (que son bichos bastante chotos, dicho sea de paso). Es cómo que nos estaría costando muchísimo superar esta adolescencia que viene atravesando nuestra civilización desde hace unos 9000 años. Y por como se vienen dando las cosas últimamente, tampoco es que las proyecciones sean para nada positivas. No quiero caer en la tan trillada postura de que sería mejor que caiga un meteorito y libere de su miseria a la humanidad de una vez por todas, peeero por lo pronto no veo una mejor solución a este martirio autogenerado que es nuestra existencia. Sepan disculparme pero no puedo seguir hablando de temas tan terribles. Iré a ver memes para apaciguar mi espíritu.