lunes, 14 de noviembre de 2016

Luz



Cada vez que ando por la ciudad veo más o menos el mismo escenario. Gente alterada, estresada, embolada, discusiones, bronca, puteadas, malos tratos, etc. Pero también casi siempre soy protagonista o espectador de algún gesto de bondad hacia otro. Entonces por unos momentos se puede ver la verdad: rostros que se iluminan, palabras de gratitud, sonrisas que irradian afecto..
Y ahí es cuando se revela nuestra esencia. A pesar de todo no somos autómatas a los que sólo les importa lograr sus objetivos egoístas. Somos todos hermanos que se reconocen al sentir la alegría compartida de nuestros corazones.



Sinceramente


Un tópico irrelevante, por no decir idiótico. La polilla. Millones de años de evolución han devenido en esta bicha, una de las más inútiles que conozco. Las veo chocar desenfrenadamente para hallarlas sin vida al otro día y no deja de asombrarme su estupidez. No es que tenga nada personal contra ellas. Pero admito que en incontables ocasiones les he revoleado un chanclo para sacarlas de su miseria y con suerte darles un empujón para que reencarnen en algo más copado, en una lagartija aunque sea mi diooo. Confieso también que muchas veces las maté solo porque el ruido de estas tipas estampándose me ha henchido las bolas. También me gustaría sentarme con una y decirle: "Relajá man, estás mal. Empezá por quererte a vos mismo, los estereotipos de belleza no pueden haberte llevado a esto. Tenés mucho para dar". Como todo en este mundo, sé que tendrán su razón de ser. Capaz que si se extinguen las polillas, después se inunda Noruega o a las ballenas azules se les da por incursionar en el twerking. No lo puedo saber con certeza, sólo sé que las seguiré reventando y tal vez un día pague por ello. Que la historia me juzgue, porque ellas son muy chiquitas para hacerlo.