En esos días empecé a sentirme medio mal.. ya venía venir el bajón. Sonó el despertador y pensé en no levantarme. Simplemente quedarme tirado y estar unos días así, sin ganas de nada. Estuve a punto de dejarme llevar por esa espiral descendente hacia una pseudo depresión. Pero un rayo de sol me dió en la cara. Y pensé.. pensé en esas partículas subatómicas que viajaron millones de kilómetros desde una esfera ígnea que flota en la eternidad. Que ese astro, emperador de la luz, viene dándole motivo de admiración a la humanidad desde el principio de los tiempos. Que puedo percibir esa luz porque tengo unos órganos llamados ojos que poseen una complejidad exquisita y que tardaron miles de millones de años en llegar a ser lo que son. Que los ojos de una chica que quise eran azules y que aunque ya no nos hablemos, se que ella por ahí se debe acordar de mi con cariño cuando ve un peluche en forma de tomate que le regalé. Pensé en el azul del mar y que la primera vez que lo vi, me salió una risa involuntaria al ver esa inmensidad inabarcable. Pensé en el agua que encierra el misterio de la vida y que si no me levantaba no iba a poder regar mis pobres plantitas. Pensé que es tan increíble toda la naturaleza: las formas y colores de los minerales, el aroma y la belleza de las plantas, los hábitos y la compañía de los animales. Pensé en la ternura idiótica que me genera acariciar y jugar con Carlitos, el gato de mi familia. Pensé en mi papá, que cada vez que lo cargo con que su hobbie es ir a ver mi auto sin que yo le pida para comprobar que todo esté bien, el se ríe. Pensé en mi mamá, que siempre cocina algo que sabe que me gusta cuando anda de visita. Pensé en mi hermano con el que vivimos tantas aventuras y travesuras de niños. Pensé en mi hermana y que cada vez que veo un meme tierno con gatitos lo guardo porque se que le encantan. Pensé en todos mis amigos y lo feliz que me pone hacerlos reír cada vez que puedo. Pensé en la ricura celestial de la comida, en la hermosura de las nubes, en la alegría de saber que hay unos tipos intergalácticos o interdimensionales dando vueltas en naves desde hace miles de años y todavía nadie sabe bien que quieren. Pensé en todos los libros fantásticos que leí, en todos las canciones orgásmicas que escuché y que en ambos casos quedan miles que me faltan por descubrir. Pensé en todos los lugares únicos que me quedan por conocer en este mundo lleno de misterios. Pensé en todas las hermosas chicas que abracé, besé y con quienes compartí noches y amaneceres. Y ya en ese punto, simplemente todo mi ser rebosaba de las mas potentísima de las energías existentes: gloria al Creador en las alturas, bendito sea el tiempo antes del tiempo, que en su infinita sabiduría decidió dar lugar a esta, la mas increíble de las historias jamás contadas, la historia de la existencia. ¿Cómo me iba a quedar tirado si tengo un corazón palpitante que bombea el sacro fluido vital a este recipiente de inconmensurable sofisticación que hemos llamado cuerpo? ¿Cómo me iba a quedar echado si algún otro ser humano debe andar medio triste y yo puedo ser quien con un pequeño gesto le recuerde que la bondad habita en todos nosotros? ¿Cómo me iba a quedar ahí inerte si con solo decir alguna estupidez ocurrente, puedo hacer brotar la risa de uno de mis seres queridos: siendo ese sonido áureo, bálsamo para mi espíritu? Llegará un día en el que tenga que permanecer inmóvil en un merecido descanso final. Hasta entonces, seguiré participando en esta danza cósmica de la que todos formamos parte. Pues todos los humanos hemos sido arrojados a la existencia como una torta desde una catapulta. Nunca terminamos de entender bien de que va esta cosa llamada vida. Pero acá estamos y como dijera un simpático ser: ¡la puta que vale la pena estar vivo!




