Desperté del viaje en criogenia con un tremendo dolor de cabeza. En parte debe haber sido porque Hakor-Sul me quiso sorprender con un desayuno sorpresa y se le quemó todo. Había una humareda hedionda adentro de la nave. Se le quemaron hasta los huevos y el café con leche, algo que hasta el día de hoy no puedo entender. En fin, salí de la capsula y me dirigí al centro de mandos. Si, efectivamente ya nos encontrábamos en el nauseabundo planeta llamado “Tierra” por sus desdichados y alterados habitantes. Iniciamos nuestro descenso en el país llamado Estados Unidos, pero se dieron cuenta de nuestra presencia y nos empezaron a tirar con de todo. Nuestra idea era ir al Monte Shasta a ver como venían nuestros hermanos del cosmos ahí. Pero se complicaba el asunto si teníamos que estar esquivando drones y misiles. Así que cambiamos de rumbo hacia otro país, Argentina. En el camino le tiramos comida a una manada de delfines, que nos agradecieron con elaboradas piruetas y saltimbancos oceánicos. Que criaturas mas loquis. Finalmente arribamos a Erks, la consabida ciudad donde se encuentran los remanentes cósmicos siderales. Allí, apenas apersonarnos en la ciudad etérica nos comimos una hamburguesa de helio acompañada con lluvia de papas de osmio. Estábamos ya cagados de hambre claramente. El resto de mi tripulación eran unas siete entidades cósmicas más como yo. Pero de ellos no diré ni sus nombres ni nada.. porque que te importa eh? Metete en tus asuntos. Ah re ortiva ese Alanthar. Pero bueno, dejemos de hablar de mí. La cosa es que en Erks cada navegante de Hakor-sul se fue a hacer la suya. Yo, particularmente, me fui a jugar al ping pong con un amigo que es de las Pléyades. Y bueno, si, no hay nada trascendente para contar hoy; la vida de los seres de luz que ya no tenemos que volver a encarnar en un cuerpo físico es así. La pasamos bomba, man. Lo único que hice ese día fue tipo 3 de la mañana salir a hacer circunvoluciones por el aire en forma de esfera de luz. Eso era para que alguien de la ciudad de los terrestres de Capilla del Monte me viera y se les eleve un toque la conciencia. Son bastante cabeza dura los humanos, pero de a poquito van aprendiendo.

