“Riámonos
de este hombre” dijeron los dioses. Burlémonos de él. Hagámosle
creer una y otra vez que va a conseguir aquello que tanto anhela.
Pero cada vez que esté por lograrlo, le arrebatemos de sus narices
la posibilidad de ser feliz. ¡Sí, hagamos esto! ¡Nos burlemos de
este hombre! ¡Hablemos en plural y a los gritos! ¡Claro que podríamos permitirle ser feliz! Pero no.
Nos divierte verlo sufrir una y otra vez, como un trompo que trata de
ser alfarero (?). Llegará un momento en que este pobre infeliz no
soporte más y se quite la vida. ¡Qué divertido sería eso para
nosotros los Elohim! ¡Qué divertido es hacer sufrir a este
insignificante ser humano!
Y
mientras tanto el pobre individuo llamado Jafet, veía como el dolor llenaba
su vida nuevamente. Ya era la vez número 237 que parecía que iba a
encontrar a su familia. Las tenía contadas, sí. Cuando Elohim hizo
llover fuego sobre Gomorra, su esposa e hijos huyeron un día antes
de la catástrofe. Desde ese entonces los buscaba. Ya habían pasado
32 años. Pero el seguía teniendo fe, pobre Jafet. ¿Cómo iba a
saber que todos sus esfuerzos eran en vano? ¿Cómo iba a saber que
unos seres de la onceava dimensión lo estaban agarrando para el
churrete? Y él en la ignorancia de las trabas divinas que le eran
impuestas, no cejaba en su búsqueda eterna. El llanto que tantas
veces visitaba sus días, había dejado marca en su rostro. No
podía entender por que se lo privaba de lo único que le importaba.
Caminaba bajo el sol y las estrellas con un sólo propósito que
parecía jamás concretarse. Y finalmente un día sucedió. Jafet
decidió terminar con su existencia en este mundo. De nada le servía
seguir con vida si no iba a poder ver de nuevo los ojos de su mujer o
abrazar a sus hijos. Pero en el mismo instante que llegaba a esa
resolución, algo sucedió.
El
Anciano de los Días, el Santo Único, el Eterno Inmanifestado, el Pitiribí Cósmico, decidió tomar cartas -de poker- en el asunto. Primeramente se
materializó en frente de los dioses. “Ahora yo les pregunto a
ustedes: '¿Tan idiotas iban a ser? ¿Es que acaso no tenían nada
mejor que hacer? No quiero ni escuchar sus respuestas. Vayan, vayan
nomás' ” - le dijo a Elohim. Y los hizo encarnar en soldados del
imperio Asirio para que pelen papas por el resto de sus días y también sepan el significado de la palabra letrina en el contexto de un ejército.
Acto
seguido, el Creador, llevo a Jafet volando por los aires. Casi chocan
con una bandada de palomas, pero llegaron bien. Le metieron 3 horas
desde Elam hasta Eilat. Y allí el Anciano de los Días dejó al
hombre con su familia. Y cantaron y bailaron y se trompezaron. Con una gratitud que
desbordaba su ser, Jafet le dijo a Dios: “Yo sabía que un día me
ibas a escuchar, yo sabía que tenía que tener fe”
“Si
yo me encargo de que el trigo en los campos crezca sano y fuerte, que
sea bañado por las lluvias y que los vientos le sean benignos; cuánto
más voy a ocuparme de que ustedes mis hijos, mis chiquilicos, encuentren la felicidad
en esta vida” - dijo el Creador mientras armaba su hamaca paraguaya.






