viernes, 19 de septiembre de 2014

Ocio celestial


Riámonos de este hombre” dijeron los dioses. Burlémonos de él. Hagámosle creer una y otra vez que va a conseguir aquello que tanto anhela. Pero cada vez que esté por lograrlo, le arrebatemos de sus narices la posibilidad de ser feliz. ¡Sí, hagamos esto! ¡Nos burlemos de este hombre! ¡Hablemos en plural y a los gritos! ¡Claro que podríamos permitirle ser feliz! Pero no. Nos divierte verlo sufrir una y otra vez, como un trompo que trata de ser alfarero (?). Llegará un momento en que este pobre infeliz no soporte más y se quite la vida. ¡Qué divertido sería eso para nosotros los Elohim! ¡Qué divertido es hacer sufrir a este insignificante ser humano!
Y mientras tanto el pobre individuo llamado Jafet, veía como el dolor llenaba su vida nuevamente. Ya era la vez número 237 que parecía que iba a encontrar a su familia. Las tenía contadas, sí. Cuando Elohim hizo llover fuego sobre Gomorra, su esposa e hijos huyeron un día antes de la catástrofe. Desde ese entonces los buscaba. Ya habían pasado 32 años. Pero el seguía teniendo fe, pobre Jafet. ¿Cómo iba a saber que todos sus esfuerzos eran en vano? ¿Cómo iba a saber que unos seres de la onceava dimensión lo estaban agarrando para el churrete? Y él en la ignorancia de las trabas divinas que le eran impuestas, no cejaba en su búsqueda eterna. El llanto que tantas veces visitaba sus días, había dejado marca en su rostro. No podía entender por que se lo privaba de lo único que le importaba. Caminaba bajo el sol y las estrellas con un sólo propósito que parecía jamás concretarse. Y finalmente un día sucedió. Jafet decidió terminar con su existencia en este mundo. De nada le servía seguir con vida si no iba a poder ver de nuevo los ojos de su mujer o abrazar a sus hijos. Pero en el mismo instante que llegaba a esa resolución, algo sucedió.
El Anciano de los Días, el Santo Único, el Eterno Inmanifestado, el Pitiribí Cósmico, decidió tomar cartas -de poker- en el asunto. Primeramente se materializó en frente de los dioses. “Ahora yo les pregunto a ustedes: '¿Tan idiotas iban a ser? ¿Es que acaso no tenían nada mejor que hacer? No quiero ni escuchar sus respuestas. Vayan, vayan nomás' ” - le dijo a Elohim. Y los hizo encarnar en soldados del imperio Asirio para que pelen papas por el resto de sus días y también sepan el significado de la palabra letrina en el contexto de un ejército.
Acto seguido, el Creador, llevo a Jafet volando por los aires. Casi chocan con una bandada de palomas, pero llegaron bien. Le metieron 3 horas desde Elam hasta Eilat. Y allí el Anciano de los Días dejó al hombre con su familia. Y cantaron y bailaron y se trompezaron. Con una gratitud que desbordaba su ser, Jafet le dijo a Dios: “Yo sabía que un día me ibas a escuchar, yo sabía que tenía que tener fe”

Si yo me encargo de que el trigo en los campos crezca sano y fuerte, que sea bañado por las lluvias y que los vientos le sean benignos; cuánto más voy a ocuparme de que ustedes mis hijos, mis chiquilicos, encuentren la felicidad en esta vida” - dijo el Creador mientras armaba su hamaca paraguaya.







martes, 16 de septiembre de 2014

Donde ningún hombre ha llegado antes


Pusimos la nave a velocidad wanch®. Los zurlongs no podrían alcanzarnos ahora. Pero el comandante no llegó a abrocharse (el cinturón) antes de catapultarnos al hiperespacio. Cuando frenamos, el desastre. Nuestro comandante hecho papilla por la inercia. Pedazos de él por todos lados. Lo que nos iba a costar limpiar el tablero de mandos. Justo ahora, para colmo, que estámos peleados con Mirna, la empleada doméstica aeroespacial. Apareció Xul243, el robot que siempre acotaba algo. Al ver al hombre muerto dijo: “Defunción de un tripulante. Iniciando secuenca de llanto. Opciones: a) llanto de vieja b) llanto de perro c)llanto con abundancia de mocos d) llanto de...

-¡Pero callate che robot alcahuetaso!- Lo interrumpí.

A lo que la máquina se fue llorando ofendida a su habitación encerrandose de un portazo. Como si fuera una adolescente de una película yanqui, el muy pelotudo.

Fui a la despensa y me mandé como 20 de esos cubitos de comida para astronauta. Los otros ya me habían dicho varias veces que eran una reserva para casos de emergencia. Qué me importa, que me la fumen. Al rato me enganché los zúnchulos de seguridad al traje y salí por la compuerta para flotar un rato en el espacio. Quería relajarme. En eso veo como se desenganchaban los gánchulos (también llamados zúnchulos, ñunsios, salumbos o arponetes simples). Vi a través de una ventanilla como Xul me hacía señas extrañas. Supongo que era el el equivalente de un “fuck you” para este adefesio robótico. Robot del orto. Ahora yo me alejaba de la nave con rumbo a la mísmisima mierda. Xul, que mal que elegimos cuando estábamos entre comprarte a vos o un mp3 con tostadora integrada.  




domingo, 14 de septiembre de 2014

La paz existe


Y estando ya en el Cielo un hombre que había sido terrorista lloraba y le decía a Dios:
Yo intentaba ser una buena persona. Pero mataron a mi hija. A partir de ese día hice todo mal. Todo”

Y Dios le dijo: “Yo te entiendo. No podías ver más allá del rencor, el odio y la venganza. Pero ahora estás conmigo en el Cielo. No sigas llorando”

El hombre le decía gritando mientras lloraba: “Pero yo maté a tantas personas. Nunca pensé que me ibas a perdonar”

Y Dios le dijo: “Sí, lo se. Pero estando atrapado en el mundo material no podías hacer otra cosa. Todo lo que pasa, pasa porque así Yo lo Quiero. Todo es parte de mi Plan Eterno”

De los ojos del hombre seguían brotando lágrimas. Lo único que pudo decir fue: “En mi corazón nunca te abandoné”

Y Dios le dijo: “Lo sé. Por eso estás aquí conmigo. Fuiste fiel hasta la muerte”


Entonces Dios, lleno de amor, se acercó al hombre y le dio un abrazo. Y el hombre dejó de ser sufrimiento y fue paz.