Mientras caminaba de regreso a casa, bajo los efectos psicoactivos de un café al paso, mi mente como de costumbre, se perdía en el éter.. ¿cuáles serían las implicancias de que yo haya sido un príncipe en el período atlante del planeta? (esto según la dudosa información de quien me realizó los registros akáshicos mientras comía helado viejo) ¿a alguna persona le dirán que fue un humilde plomero atlante? O siendo más cínico, ¿te dirán si fuiste un cagador atlante? Sería lógico que haya habido una superabundancia de los del último caso y me aventuro a pensar que la mayoría de ellos al parecer han reencarnado en nuestro desdichado país. Mientras mis pensamientos seguían esos ridículos rumbos, en el plano físico yo trataba de esquivar incontables soretes de perros. Sus dueños por alguna situación kármica habían decidido no juntarlos. Sospeché que muchos de ellos probablemente habían sido garcas en la era lemuriana. Viendo como está el mundo, creo que no debe faltar mucho para que explote todo de nuevo... como pasó, obviamente, en la Atlántida. ¿Es que acaso alguna vez podremos nosotros, tragicómicos seres provistos de conciencia, eyectarnos de este planeta y dejar de andar reencarnando de acá para allá? ¿Somos acaso los boludos cuánticos de la galaxia? Parece que el destino último del ser humano es trascender este plano. O sea, nos mandaron acá para que nos vayamos.. parece joda. La mayoría de los credos y profetas proponen eso. Si ya uno le suma a esta dificilísima tarea de elevación espiritual, la posibilidad de alguna conspiración anunnaki, illuminati o masónico-reptiliana.. la realidad se nos complica hasta el mismísimo carajo y más allá. Así que me parece más amigable seguir pensando que si soy buen tipo y mantengo mis chakras en fila quizás cuando palme les pueda decir a mis guías espirituales: por favor, no quiero volver a este planeta ninguneado por la Hermandad Blanca que cada día baja más en el ranking de la Confederación Galáctica.
