martes, 28 de septiembre de 2021

Dale, yo te aviso

 

No es que alguna vez haya sido un asunto sencillo esto del “amor”. Por este motivo nos llegaron hasta hoy relatos de parejas que se suicidaban, se generaban guerras entre países o el de la chica a la que se le llenaron los ojos de amaneceres en el muelle de San Blas. Encima, muchos de nosotros, siendo criados con romances hollywoodenses, hemos sido engañados cruelmente. Eso del amor eterno y el final feliz corriendo por una pradera tomados de la mano, puso la vara vaya a saber donde. Pero en estos últimos años con las redes sociales, las cosas escalaron a un nivel tragicómico sin igual. Nunca hubo tantas maneras diferentes de tener desencuentros. Personas que en los primeros tiempos respondían con un “Holaaa” cargado de interés e ilusión, después de verse un par de veces, terminan convirtiéndose en un triste y desagradable doble tilde azul. Y así una y otra vez, acumulamos incontables experiencias con gente que nos hace sentir mal y también nosotros a ellas. “Es que le gustaban demasiado los carbohidratos”, “Lo que pasaba es que laburaba mucho”, “Me cansé de que siempre quisiera quedarse a dormir”. Nunca nadie es suficiente. Pasan los años y uno comienza a preguntarse de que va toda esta historia, que pareciera una mezcla de comedia estúpida yankee y tragedia griega desoladora. Porque estamos bien así sin nadie, pero a la vez no. Nos gusta que nadie nos haga reclamos, no tener que dar explicaciones y ser libres. Pero también cuando volvemos a las 4 de la mañana, solos, después de una salida, a veces no podemos evitar bajar la guardia. Y es ahí cuando se manifiesta la ausencia que habita en lo profundo de nuestra alma. Nos acordamos de ese “alguien” que alguna vez quisimos. Del olor de su pelo, la textura de sus labios, el sonido de su risa.. Duele mucho pensar que alguna vez estuvimos bastante cerca de ser felices junto a otro.. Y entonces justo nos responderá un chat algún infeliz ser al que le escribimos hace 5 horas o más. Al que claramente no le contestaremos ahora, mañana o tal vez nunca jamás. Porque ya hace rato que nadie nos importa de verdad. Quedará ese mensaje flotando en la “nube” hasta que termine el universo, junto con miles de millones de patéticos intentos de otros miserables humanitos de dejar de sentirse solos aunque sea por un rato. Peeero, ¿quién te dice? Por ahí la semana que viene o dentro de unos meses, entre ese océano de citas y encuentros chotísimos, coincidís con alguien. Y terminan abrazados, sabiendo que el perfume que ahora están sintiendo en el cuello del otro, un día lo van a extrañar demasiado.