viernes, 5 de mayo de 2017

Dæven, kødd!!!!


Estos hechos datan de hace miles de años, cuando la humanidad todavía no se había vuelto tan cochina ni demente. En ese entonces el cobre era la última novedad. Todos morían por tener algo de dicho metal y algunos también morían atravesados por él, como era de esperarse. La vida era muy distinta. Los cielos eran puros y limpios, el agua cristalina, los bosques se extendían hasta el horizonte... pero te podías morir por una caries o diarrea. Nuestra historia gira (y a veces aletea) en torno a un elfo llamado Norfl. Así es, pocos lo saben, pero hubo elfos en nuestro planeta hasta que fueron llevados a la extinción por las bolas de naftalina y los milkshakes en los 50'. Norfl, en su cualidad de criatura mágica, dedicaba su vida a arrojar bellotas, piedras o lo que tuviese a mano. Se los lanzaba a los transeúntes y luego reía taradamente escondido entre los arbustos. No era mucho, pero eso era su vida. Su padre había hecho lo mismo, y su abuelo antes que él. Ya entonces era muy común seguir con las tradiciones establecidas sin cuestionar su por qué... lamentablemente. Y así fue que este tipo revoleó proyectiles durante años. Todo esto sucedía en Europa septentrional, donde habitaba una pluralidad de gentes. Pero el frío clima y otras factores que iba a nombrar pero que al final no me dieron ganas, hacían que hubiera un rasgo en común entre estas personas. Su ferocidad.
Cierta tarde de invierno Norfl arrojó un huevo podrido. Dicho ovo reventó en la frente de un guerrero noruego. Y éste a su vez lánzole un hacha al elfo que, si su memez no hubiese sido tan pronunciada, habría visto en la mano de su víctima y ahora victimario. Y bue. Murió. Una muerte sin sentido y patética. Pero así también había sido su vida. Relacionado a lo narrado, hubo un aporte colateral de éste personaje a la civilización. Usuarios frecuentes de esos caminos inventaron el casco. Algo que hoy por hoy salva miles de vidas. De no creeeer, ¿no? 



Infinitud


Hace mucho tiempo, eones atrás, empecé mi existencia siendo una hormiga. Y como hormiga viví y percibí. Mi vida era acarrear alimentos, caminar y atacar otros insectos. Eso era todo, no había nada más. Pero en ese entonces yo sentía que era una gran experiencia. Mi mente rebosaba tratando de conseguir más alimento, me parecía algo increíble. El caminar era casi sagrado. Y luchar con otras criaturas me llenaba de adrenalina y vértigo. Realmente me encontraba absorto en la vida de hormiga. No pensaba que pudiera haber algo más fascinante, desconcertante y complejo que eso.
Pero ahora soy humano.. y también me abruma serlo. Me pierdo entre miles de estímulos, fantaseo, sufro, amo, triunfo, aprendo, erro, creo, experimento... ¡Mi universo es tan basto!
Aunque a veces no puedo evitar detenerme y reflexionar sobre este Viaje Eterno... Y pienso que llegará un día en el que me encuentre diciendo: "Hubo una época en la que fui un hombre. Sí, un simple hombre con una diminuta conciencia. Pero en ese entonces eso era todo para mí..."