Decidí
entonces abandonar la civilización. Con lágrimas en los ojos miré
las lejanas luces de la ciudad y me interné en el bosque. Las
primeras semanas fueron difíciles. Una manada de castores me
amenazó: si no les daba una mensualidad de arándanos, hongos y
joyas; me quebrarían las piernas. Pero por suerte Animal Planet y
Cesar Millán me habían preparado para esto. Oriné en el rostro del
macho alfa y luego lo sometí analmente hasta su muerte. Quedé al
mando del grupo. A la semana murieron todos. Los convencí de que
intentáramos cazar a un alce que estaba en celo hace 8 meses y ya se
había puesto insoportable. Nos reventó. Solo sobrevivimos Cocolito
y yo, a cuya madre asistí durante su parto. También fui yo quien la
asesinó accidentalmente al pisarla, mientras escapaba de hacerle
ring-raje a un oso. ¡Qué feliz que era cuando no me cagaba de frío,
hambre, algún animal me perseguía para comerme o esa puta urraca
intentaba anidar en mi barba!
Con Cocolito creé un vínculo hermoso pero, por supuesto, me lo terminé morfando.
Un día mientras veía el atardecer y la brisa vespertina acariciaba mis nalgas, me di cuenta que no regresaría nunca más. Calculo que en casa se siguen preguntando adonde mierda fui a comprar facturas que todavía no vuelvo...
Con Cocolito creé un vínculo hermoso pero, por supuesto, me lo terminé morfando.
Un día mientras veía el atardecer y la brisa vespertina acariciaba mis nalgas, me di cuenta que no regresaría nunca más. Calculo que en casa se siguen preguntando adonde mierda fui a comprar facturas que todavía no vuelvo...


