sábado, 28 de noviembre de 2015

Nosotros


En muchos barrios se ven carteles que dicen “Cuidado, niños jugando”. En la ciudad también debería haber carteles de “Cuidado, adultos intentando ser felices”. Es algo que deberíamos tener presente, quizás así nos trataríamos mejor.

Eugenio Cabero, el hombre que permaneció escondido en una hamaca paraguaya 64 días... Una manada de chimpancés atacó la aldea donde se encontraba viviendo. El tema es que se quedaron ahí después de reventar todo. Así fue como Eugenio desarrolló una técnica revolucionaria para que no se duerma ninguna parte del cuerpo. “Sabía que una vez que empezara el hormigueo infernal no iba a poder aguantar. Iba a tener que salir de la hamaca. Y ahí los monos me iban a abotonar instantáneamente” - nos cuenta él, con la piel de gallina. En el próximo bloque nos revelará como llegó a sobornar a uno de los simios para que le masajee los pies y le lleve agua medianamente potable.

Está comprobado científicamente. Los colectiveros con el tiempo desarrollan un pseudo lóbulo que les permite hacer lo que mejor hacen: que absolutamente todo les chupe un huevo.

Así son las cosas para nosotros. La mente y las emociones nos gobiernan. Por esto a veces nos desenvolvemos con la soltura y naturalidad de un surfer superdotado que se ama a si mismo. Y otras como un muñeco de torta que juntando fuerza y determinación durante horas, apenas si se anima a decir que pidió puré en vez de papas. 

Dirigido a un hipotético conductor sacado y puteador (sobreabundante en la vida diaria):
Piense usted que cada vez que se enajena, posee y metamorfosea en un engendro que vomita odio, por algo que otro ser hizo “mal”, está arruinándose su vida un poco. Y la del otro también. No está aportándole absolutamente nada a nadie. Su acción resta para la humanidad toda. Además dese cuenta que todas esas veces que se convierte en un vástago del demonio, lo hace por algo tan importante como haber perdido menos de 1 minuto a causa del “inconveniente” que le generó la otra persona. Por favor, tome conciencia y cambie su forma de actuar. O háganos un favor a todos y acelere con su vehículo hacia el vórtice dimensional más cercano, desapareciendo así de nuestro planeta. Gracias.   



Algún día...


Dichosos los que lo encontraron. La pareja de viejitos que sale en la foto del diario. Los novios que se emocionan en el altar. El hombre y la mujer de hace miles de años que fueron enterrados tomados de la mano y vemos en la revista de arqueología. Dichosos ellos, que sin buscarlo o buscándolo, hallaron eso que no se puede describir con palabras y todo ser humano anhela. Porque quien todavía no lo halló, por más desentendido, negado o descreído que sea; cuando escucha una historia de esas, piensa: “Sí... que lindo sería encontrar algo así”, después se acuerda de ese alguien y se le ponen vidriosos los ojos.