jueves, 9 de abril de 2015

Tríptico


(Discusión entre un kiosquero y su proveedor)
P- ¡¿...pero cómo me vas a bloquear en whatsapp?! ¡Es laburo esto, nos tenemos que comunicar, hermano!

K- Mirá: prefiero que me traigas los pedidos para el orto, prefiero que me sobren 500 huevos kinder por mes a que me sigas mandando esos videos pelotudísimos.

P- Pensé que el de la jirafa DJ te iba a gustar...

K- ¿Hace falta que te diga que me pareció? Mirame. ¿Hace falta? Andate de acá, Ricardo.

*

Anotaciones del capitán Tom Svenson:
La famosa rata de muelle. Una alimaña detestable. Siempre recibidas a patadones cuando un marinero las encuentra a bordo. Y sin embargo son ellas las que ajustan las amarras antes que un navío se haga a la mar. Ellas quienes calibran las brújulas y pulen los catalejos. Por eso es que hacen bien los marineros en reventarlas a patadas. Son ratas. Hacen todo como el culo con esas manitos ridículas. Después se hunden los barcos, bichos de mierda...

*

El monumento Svelios. Una obra de arte despampanante, rimbombante, hipnotizante, deslumbrante... y demás adjetivos terminados en “ante”. A simple vista encontramos una cierta reminiscencia antropomórfica. Un estudio más cuidadoso de sus formas, nos revelará lo que podría ser la figura de un guerrero acogotando un avestruz. O un anciano esquivando un escupitajo. O quizás un girasol huyendo despavorido. En esto reside lo asombroso de la escultura. Nunca puede uno llegar a decir con seguridad que carajo es eso que tiene en frente. Pero siempre despierta hondas emociones el contemplarlo. He visto familias danzando alrededor de él. He visto una persona completamente absorta contemplándolo durante días. He visto a un perro meándolo. He visto un set completo de títeres abandonado en el medio de un glaciar. En fin, no les voy a contar todo lo que he visto en mi vida. Soy lo que bien podría llamarse un viejo choto. Choto por la edad, no por las mañas, cuidado... (El anciano cabecea y empieza a roncar. Luego de unos minutos se escucha lo que indudablemente es un pedo que parece no tener fin. Uno de sus oyentes lo cachetea dulcemente, despertándolo) Eh? Ah, sí. El monumento, el monumento... Es como la vida. No se entiende del todo, pero es muy bello. 






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