viernes, 30 de octubre de 2015

Ser


Llegué entonces a comprender la naturaleza de la luz eterna que habita en nuestro interior. Me di cuenta que todo sufrimiento, pesar o situación de crisis es tan solo una experiencia finita. Mientras mi alma, que es infinita, está destinada a prevalecer inalterada e incorruptible. El dolor de lo que nos toca vivir es parte de un proceso de aprendizaje y crecimiento. Nada puede frenar el avance de nuestro espíritu hacia el Creador. Él en su omnisciencia dispuso que sea así. Y así es.


En el interior de toda persona hay algo que la impulsa a seguir adelante. En el fondo de cada uno de nosotros existe una luz que ninguna adversidad logra apagar. Esperanza, fe, convicción o como querámos llamarlo. Hay algo que nos dice que a través de todo y de todos vale la pena seguir luchando. A algunos los mueve la ambición, a otros la bondad, también hay quienes anhelan encontrar el amor. Es muy triste y hermoso a la vez, ver como inclusive en las peores situaciones, en la mirada de las personas siempre permanece ese brillo que desde las profundidades del alma nos hace seguir resistiendo y nos dice: "No importa, esto también va a pasar. Tenés que seguir intentándolo. Un día va a terminar el sufrimiento, un día vas a estar en paz"



Que dramatismo sin fin esto de existir. Aparecemos en una vida de la que no entendemos nada. Sabiendo que un día vamos a morir, tratamos de hacer lo mejor que podemos con nuestro tiempo. No nos queda otra que luchar por lo que creemos, porque eso es lo único que tenemos. No hay certeza si hay algo que le de sentido a todo esto que es vivir. Solo aquello que nos impulsa interiormente. A pesar de eso nunca dejamos de intentarlo. Pobres seres humanos, que heroicos que somos.




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