Llegué
entonces a comprender la naturaleza de la luz eterna que habita en
nuestro interior. Me di cuenta que todo sufrimiento, pesar o
situación de crisis es tan solo una experiencia finita. Mientras mi
alma, que es infinita, está destinada a prevalecer inalterada e
incorruptible. El dolor de lo que nos toca vivir es parte de un
proceso de aprendizaje y crecimiento. Nada puede frenar el avance de
nuestro espíritu hacia el Creador. Él en su omnisciencia dispuso
que sea así. Y así es.
En
el interior de toda persona hay algo que la impulsa a seguir
adelante. En el fondo de cada uno de nosotros existe una luz que
ninguna adversidad logra apagar. Esperanza, fe, convicción o como
querámos llamarlo. Hay algo que nos dice que a través de todo y de
todos vale la pena seguir luchando. A algunos los mueve la ambición,
a otros la bondad, también hay quienes anhelan encontrar el amor. Es
muy triste y hermoso a la vez, ver como inclusive en las peores
situaciones, en la mirada de las personas siempre permanece ese
brillo que desde las profundidades del alma nos hace seguir
resistiendo y nos dice: "No importa, esto también va a pasar.
Tenés que seguir intentándolo. Un día va a terminar el sufrimiento,
un día vas a estar en paz"
Que
dramatismo sin fin esto de existir. Aparecemos en una vida de la que
no entendemos nada. Sabiendo que un día vamos a morir, tratamos de
hacer lo mejor que podemos con nuestro tiempo. No nos queda otra que
luchar por lo que creemos, porque eso es lo único que tenemos. No
hay certeza si hay algo que le de sentido a todo esto que es vivir.
Solo aquello que nos impulsa interiormente. A pesar de eso nunca
dejamos de intentarlo. Pobres seres humanos, que heroicos que somos.

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