Donde
antes no había nada, paulatina o repentinamente empieza a existir
algo dentro nuestro. Y entonces ya nada es igual. Ahora tenemos un
deseo que nos consume. Ser queridos de igual manera por aquella
persona que queremos. Y es esta misma fuerza la que mueve al planeta
entero. De una forma u otra, esa es la causa principal de todo. El
dueño de un perro muere y el animal espera a su dueño 9 años en la
estación de tren. El padre de un niño muere intentando que su hijo
no se ahogue en el mar. Un monje renuncia a todo placer terrenal
porque quiere encontrar a su Dios. Una mujer se queda esperando a su
esposo durante toda su vida en el muelle de San Blas... Porque este
sentimiento no le pide permiso a nuestra razón. Llega y se convierte
en el amo y señor de nuestras vidas. Y cuando es parte de nosotros,
ya no tenemos elección. Ahora lo único que podemos hacer es
intentar todo lo posible para que ese otro ser nos acompañe todo el
tiempo posible en esta vida. Creo que de todas formas, que al
desencarnar nos encontramos con nuestros seres queridos. Pero
mientras tanto, perder para siempre a alguien que amamos es sin duda
el sufrimiento mas grande que pueda existir. Y también creo que
todos, en el fondo, andamos sufriendo en esta vida hasta que
encontramos a esa persona que nació para caminar a nuestro lado.
Cuando de verdad queremos a alguien, estamos unidos a esa persona
para siempre.
Por mas que la muerte nos separe, va a llegar un día que nos reuniremos con nuestros abuelos, abuelas, padres, madres, primos, amigos, novios, novias y con lágrimas en los ojos, les podamos decir: “En mi corazón, nunca te abandoné”.
Por mas que la muerte nos separe, va a llegar un día que nos reuniremos con nuestros abuelos, abuelas, padres, madres, primos, amigos, novios, novias y con lágrimas en los ojos, les podamos decir: “En mi corazón, nunca te abandoné”.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.