miércoles, 11 de mayo de 2016

Comentarios sobre la Guerra de las Galias


así pues numerosos pueblos cruzaron el Rin chapoteando (y algunos inclusive patinándose): los bovios, flunios, eréctanos, papios, herzios y aún también los garlonios. Dieron en acurruncharse y enpelotonarse en un valle al sur de Treveris. Dispuso entonces César que lo más oportuno sería revolear a aquellas de allí. Ya que sino desbarataba a esta rebelión de piringundines, podía ser que luego se le adviniese la Galia toda como chancho a los choclos. Así pues ordenó que se aprontasen la legión octava, undécima y la nonagésima cuarta; esta última tenida en gran estima por haber trasvasado, penetrado y empernado bárbaros en no pocas batallas. Luego de tres días de marcha, César advierte que ha elegido la montura que le da comezón en el trasero, pero ya nada puede hacerse. Llegados a destino, se levanta el foso y se cava la empalizada. A la hora tercia un pequeño destacamento de legionarios parte con la misión de socabrear al enemigo. Así lo hacen, arrojando dardos, bolas y cosos. Los bárbaros encebados y alzados, lanzan su ataque. Nuestra cohorte se arrefugia rápidamente en las fortificaciones. Había sido ocurrencia del centurión Tito Peluccio, el untar con brea los bordes del foso. De manera que los atacantes, al no cognocer dicha estratablema, refalan por cientos. Así es como son acribillados y prácticamente reventados, pocos son los que huyen ya maltrechos y desinflados. Retorna triunfante César a Roma, donde el Senado declara 20 días de fiesta; donde decenas de esclavos son amasijados para fanfarria del pueblo. 



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