domingo, 24 de julio de 2016

Los desviados u Oda del ser humano


Era yo un muchacho cándido, puro, noble y que solo albergaba buenas intenciones en mi corazón. Pero por algún motivo nunca era retribuido según lo que daba. Entregué y me quitaron. Entonces me llenó el odio. Ayudé y me engañaron. Entonces me llenó el odio. Confié y me mintieron. Entonces me llenó el odio. Amé y me traicionaron. Entonces me llenó el odio. Un día entonces con profundo dolor, le pregunté al Creador ¿Por qué me haces esto? ¿Acaso no actué siempre movido por la bondad? Clamé por una respuesta, pero fui ignorado. Y me dije, "Si odio es lo único que me dio la vida, entonces odio devolveré". Y a partir de ese momento destruí, dañé, engañé, maté, mentí y traicioné. Me sentía bien, finalmente me sentía tan bien... o eso creía.

Al terminar mi existencia en este plano, fui llamado ante el Hacedor, quien me dijo:
- "Sólo tenías que aguantar un poco más y todo hubiera empezado a cambiar. Hubieras sido feliz de verdad. El bien es el único camino y a él hay que ser fiel hasta la muerte. Te equivocaste. Que pena, de verdad te equivocaste. Pero tendrás oportunidad de enmendar tus errores. No te aflijas, mi hijo, así es como se aprende. Ahora tendrás que volver a intentarlo.

- Pero Padre, yo quisiera quedarme aquí. Me siento en paz...
- Algún día podrás permanecer definitivamente en este lugar. Pero ahora debes irte.

Así, cuando vuelve a este mundo un niño, llora mientras nace, pues piensa con dolor:
"¡No me tengo que equivocar! ¡No me tengo que equivocar!"

Pero lamentablemente pronto nos olvidamos de lo que sabíamos. Y una vez más, volvemos a equivocarnos.






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