miércoles, 25 de agosto de 2021

El intraterrestre

En esa época andaba muy mal. Estaba contrariado con la vida, me levantaba y me iba a dormir con un nudo en el pecho. Me oprimía y entristecía el sólo hecho de existir. Cierto día de radiante sol, tuve un extraño impulso. Sentí la necesidad de alejarme de la ciudad, de ir a la naturaleza. De caminar por la hierba, escuchar el canto de los pájaros, de oír el sonido de un manantial, de contemplar las nubes en calma. Un corto viaje y me encontré en las montañas. Pasé horas disfrutando de estar en tan diáfano lugar, después de semanas de malestar sentí mi alma alivianada. Al atardecer comencé a caminar entre valles y colinas. Iba como en una especie de trance, algo me señalaba que tenía que seguir. Al llegar a una ladera me detuve. Las primeras estrellas ya aparecían en el firmamento. Observé el paisaje disfrutando de la calma del lugar y luego.. perdí el conocimiento. Al despertar me encontraba en otro sitio. Ahora las estrellas brillaban intensamente, bellas y distantes. Me hallaba de frente a un enorme pórtico tallado en la misma roca del cerro. Me sentía expectante, algo estaba a punto de ocurrir. De repente estaba ahí, en el umbral. Lo primero que vi fue el rostro. Había algo de majestuoso y antiguo en él. Sus facciones transmitían paz y poseía una gran belleza. Pero había algo más. Aún hoy en día me cuesta ponerlo en palabras.. Algo sobrenatural y terrible emanaba de ese rostro. Un poder enorme vibraba en la mirada de ese ser. Era sobrecogedora, por un momento sentí temor. Irradiaba una energía imponente e indescriptible. De pronto lo supe, no era humano. Al menos no en la forma que solemos usar esa palabra. Cobré consciencia de su tamaño, era gigantesco. “Parezco un niño a su lado” pensé, no sólo por la diferencia física. Me vi como una insignificante y miserable criatura ante su excelsa presencia. “Pobres de nosotros los humanos” continué pensando. Y como si estuviera escuchando mis pensamientos, su mirada cambió. Me observó con compasión, casi con lástima. Ahora me arrollaban oleadas de amor, un amor que ni remotamente se parece a lo que yo conocía hasta ese momento de mi vida. Y entonces comenzamos a hablar. Digo hablar a falta de un término más adecuado, porque era un intercambio de espíritu a espíritu. Fue la experiencia más hermosa de mi vida. Había en este ser una sabiduría, inteligencia y sentimientos tan profundos.. creí que mi mente y mi corazón iban a colapsar.

Lo próximo que recuerdo es que volví a estar en la ladera donde había perdido el conocimiento. Caminé como en sueños por los valles mientras las montañas reposaban en una noche apacible.

Volví a mi hogar. A muy pocos les conté sobre la experiencia. Me da la sensación que no es necesario que ande hablando sobre eso. A veces pienso si tengo que compartir lo que sucedió, dar un mensaje para la gente. Pero algo me dice que no.. que es mejor compartir mi historia sólo con quienes sé que la van a valorar. Hay mensajes que no son para todos, al menos todavía.

Y cuándo en ocasiones veo hechos horribles y espantosos que ocurren en este mundo, me acuerdo de ese día. Me acuerdo que hay seres que nos cuidan y velan por la humanidad. Me acuerdo que hay un lugar en dónde siempre brillan las estrellas en paz. Me acuerdo que cuando andaba mal, alguien que ni conocía me tuvo presente y me invitó a pasar un día en el campo, a sentir el pasto entre mis pies, a oír los pájaros cantar y contemplar el cielo tirado en la hierba.







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