Siguiendo
con la bajada de línea avalada por el CONICET y los Illuminatis, hoy
disertaré acerca de otra hedionda criatura. El mosquito. También
conocido como zanquilargo de pico zuncho o Mario. El solo sonido de
su ridículo aleteo me da una mezcla de pena y asco. O sea, que ruido
del orto, o no hagás ruido o hacé algo presentable che bicha de
cuarta y la diminuta concha de tu madre. Encima esa costumbre cobarde
de picar a escondidas. Si vas a picarme, picame de frente
negra. Mirame a los ojos y tirame el pico. Y ya que estamos por
qué en vez de chuparme sangre no me chupás bien la p..., apaa.
Algunas teorías conspirativas apuntan a que los mosquinos, hurtan
nuestra sangre con el motivo de decodificar nuestro ADN y lanzar una
película que re va a romper todos los paradigmas sociales y
tendencias en la moda para el 2020 aprox, mannn. Pero me suena a
verdura. En fin... en este caso no hay comparación con la inútil
pero bobamente simpática polilla. El único mosquillo bueno es el
muerto. Lamento que mis palabras suenen facho-deterministas o
retro-jihadistas. Pero acá no hay vuelta que darle. Andate
pedorrísima, nadie te quiere. Y aprovecho esta coyuntura para
invitarlos a un genocidio insectil. Lo dije. Que revienten como sapos
(individuos sobre los que hablaré prontamente, tema picantísimo y
mediático).

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.