En
algún punto de nuestras vidas a todos nos pasa. Un día asomamos
nuestra mente al abismo de la Existencia. Tomamos conciencia de que
somos solo uno más de los miles de millones de seres que aparecen y
desaparecen sin dejar rastro alguno en el río eterno de la vida. Que
estamos acá, en un rincón entre las estrellas que se extienden sin
fin por un universo inconmensurable. Parece increíble que sea así,
pero así es: existimos. En nuestro breve transitar por esta
Eternidad abrumadora, vivimos anhelando un encuentro... todo cobra un
nuevo sentido al caminar acompañados. Porque el dolor más profundo
entre los incontables astros e innumerables mundos, es el de estar
siempre solo.

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