Todo
hombre siente algo parecido al detener su incesante actividad y alzar
su rostro hacia el firmamento. Contempla entonces la eternidad
manifestándose. Estrellas que brillan desde los confines del
universo a través del espacio y el tiempo. Apenas diminutos puntos
rutilantes, pero que ponen en evidencia la inmensidad del espacio en
el que todo es. Así, su diminuta conciencia comienza a errar por
senderos sublimes... y finalmente se pregunta ¿por qué soy? ¿por
qué todo es? La misma inquietud que persigue al ser humano desde
siempre. Busca una razón. Pero solo encuentra que su mirada se
pierde en el infinito y su mente se rinde ante la bastedad de la
creación. Eventualmente debe volver a sus tareas. Pero sabe que hay
algo que lo perturba desde el día en que se asomó al infinito. Y
aunque dedique hasta su último aliento en hallar una respuesta,
nunca la encontrará. Es este el destino del hombre... sin tener
certeza, tiene esperanza. Y solo con ella resiste durante toda su
vida.

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