Una
crónica que te sacará de tu zona de confort. Bill Anderson,
arqueólogo y bicampeón del Annual Sausage Eating Competition, es el
protagonista de esta historia que está revolviéndole el flan a toda
la comunidad científica. En ella se narra como este tipo se hallaba
explorando los cenotes de la península de Yucaxplán, cuando cayó a
una rajadura anal en el campo morfo-espacio-temporal. Así fue como
apareció en pleno Cámbrico. Estaba lleno de bichas por todos lados.
Pronto se aburrió porque no había mucho que hacer. Allí fue
cuando, como buen ser humano de mierda que somos, se entretuvo
toqueteando a este pobre artrópodo antediluviano hasta llevarlo al
éxtasis sesual o algo así. Pasaron los días y cayó en la cuenta
de que seguramente iba a morir en esta insípida era. Pero ya yéndose
todo a la remil puta, apareció un ovni y aterrizó coleando. Se
bajaron unos altos humanoides. El más pulenta le dijo: “Te vamos a
devolver a tu tiempo, porque somos güenos. No como los petisos
cabezones que le meten cosas en el orto a la gente y mutilan vacas”.
Dicho y hecho. El tipo, luz estroboscópica y Suerte, de Shakira como
soundtrack del viaje interdimensional, apareció de vuelta en su
apartamento con el ganso en la mano y mirando Hentai. Pero igual él
sabía lo que realmente había pasado. Descubra esto y mochísimo más
en este libro para casi toda la familia.

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