domingo, 1 de octubre de 2017

“Yo masturbé a un Trilobite”


Una crónica que te sacará de tu zona de confort. Bill Anderson, arqueólogo y bicampeón del Annual Sausage Eating Competition, es el protagonista de esta historia que está revolviéndole el flan a toda la comunidad científica. En ella se narra como este tipo se hallaba explorando los cenotes de la península de Yucaxplán, cuando cayó a una rajadura anal en el campo morfo-espacio-temporal. Así fue como apareció en pleno Cámbrico. Estaba lleno de bichas por todos lados. Pronto se aburrió porque no había mucho que hacer. Allí fue cuando, como buen ser humano de mierda que somos, se entretuvo toqueteando a este pobre artrópodo antediluviano hasta llevarlo al éxtasis sesual o algo así. Pasaron los días y cayó en la cuenta de que seguramente iba a morir en esta insípida era. Pero ya yéndose todo a la remil puta, apareció un ovni y aterrizó coleando. Se bajaron unos altos humanoides. El más pulenta le dijo: “Te vamos a devolver a tu tiempo, porque somos güenos. No como los petisos cabezones que le meten cosas en el orto a la gente y mutilan vacas”. Dicho y hecho. El tipo, luz estroboscópica y Suerte, de Shakira como soundtrack del viaje interdimensional, apareció de vuelta en su apartamento con el ganso en la mano y mirando Hentai. Pero igual él sabía lo que realmente había pasado. Descubra esto y mochísimo más en este libro para casi toda la familia.





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