martes, 19 de diciembre de 2017

De alcantarillas y mutaciones


Tengo la terrible sospecha que ante la combinación de bandejitas con jugo de tripa (árabe) y los pañales de mi vecina, es muy posible que en las profundidades de la tierra, en algún vertedero, se esté gestando una criatura monstruosa. Y que algún día cuando me encuentre lavando los platos aparezca este engendro para asesinarme. Lucharíamos durante horas, hasta que yo pueda alcanzar el lanzallamas que tengo en la mesita de luz. Entre lágrimas esta abominación me diría que sólo quiso tener un padre que lo amara en su niñez monstruosa; cuando volvía a casa después de jugar un pésimo partido de beisbol y sentirse un orto. O cuando Jessica lo rechazó para el baile de graduación. Yo le diría que lo entiendo, pero obviamente lo incineraría igual. Y después fregando el suelo me juraría nunca comer tripa de nuevo, además te la debo el aliento sino.



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