Tengo
la terrible sospecha que ante la combinación de bandejitas con jugo
de tripa (árabe) y los pañales de mi vecina, es muy posible que en
las profundidades de la tierra, en algún vertedero, se esté
gestando una criatura monstruosa. Y que algún día cuando me
encuentre lavando los platos aparezca este engendro para asesinarme.
Lucharíamos durante horas, hasta que yo pueda alcanzar el
lanzallamas que tengo en la mesita de luz. Entre lágrimas esta
abominación me diría que sólo quiso tener un padre que lo amara en
su niñez monstruosa; cuando volvía a casa después de jugar un
pésimo partido de beisbol y sentirse un orto. O cuando Jessica lo
rechazó para el baile de graduación. Yo le diría que lo entiendo,
pero obviamente lo incineraría igual. Y después fregando el suelo
me juraría nunca comer tripa de nuevo, además te la debo el aliento
sino.

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