viernes, 2 de febrero de 2018

Alanthar, un ser có(s)mico


Esta es la historia de como llegué a habitar en esa raza irrisoria, esa raza tan tomateada por todos en el Cosmos.. sí, la raza humana. Decidí materializar un cuerpo físico en la zona que llaman desierto del Bobi o Gobi.. algo así. Allí, como todos sabrán, se encuentra en otro plano (y en otro ancho) la Gran Hermandad Blanca. Esperaba pasar un tiempo adaptándome en ese lugar, tal vez ingiriendo comida chatarra y viendo pornografía para irme aclimatando. Cierto día me dejé llevar demasiado por mis actividades masturbatorias y no escuché que alguien se acercaba a mi habitáculo. El Maestro me agarró cacheteando el ganso. Me miró y me dijo “Rajá de acá, payaso intergaláctico”. Me fui dichoso, pues esto era un gran comienzo. ¡Que forma más humana de arrancar mi aventura que decepcionándome a mi mismo y a los que confiaban en mi! Viví entre estos desdichados seres unos cuantos siglos. Va, unos 50 años los pasé en el caribe con un rebaño de ballenas. Pero no gambetiemos de mi punto. Llegué a conocer al hombre. Pude conocer sus propósitos, sus motivaciones, sus anhelos, sus miedos y esa titilante luz eterna que lleva dentro de sí y tanto le cuesta manifestar. Son capaces de los hechos más aberrantes y espantosos así como de los más sublimes y puros. Antes temía por estos bebuchos, pero ahora sé que todas mis estadísticas, mis cálculos zomboidales y mis predicciones horangélicas estaban erradas. Como siempre pasa en esta Creación, la luz triunfará finalmente entre estos -por el momento- ñatos de corazón. Pero ha llegado la hora de irme, he de eyectarme de este cochino mundillo del que me he encariñado tanto. Me pueden encontrar en la galaxia de Órvonton donde me dedicaré a germinar estrellas y ha desintegrar reptilianos.








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