“Entonces
dio a acontecer que en tiempos del bicicletero Robolam, que los
Naplitas empezaron a incursionar en nuestras tierras y tuvimos que
revolearles todo lo que teníamos a mano. No quedó ojota ni
chancleta sin ser catapultada. Esa fue la batalla que algunos
llamaron “De los Chirlos”. Finalmente los alejamos a los
desiertos de Zulm, donde abundan camellos salvajes y libidinosos.
Allí fueron hechos pingo te diría. Tuvimos gran sosiego y pudimos
dedicarnos a las ridiculeces de siempre. Eso fue hasta que colapsó
nuestro pozo de agua (porque también la usábamos de cloaca).
Marchamos, pues, durante 35 días y 23 noches; porque muchas veces no
dormíamos por el miedo a que los grillos o las hormigas nos
tendieran una emboscada. Finalmente llegamos a tierras fértiles.
Hemos hallado a un animal sin igual que cambiará nuestra historia..
la gente de aquí lo llama “gallina” y lanza alimento hasta de su
ano. Realmente somos un pueblo bendecido..”

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