Les
cuento con alegría que volví a cocinar. Voy a estar vendiendo mis
famosas mermeladas de cerdo en la sala de máquinas de la Facultad de
Humanidades, entre el generador principal y el dispenser de agua más
fea que la de la canilla, algunos opinan que sabe a culo. También me
pueden encontrar en los túneles infestados de goblins que se
extienden por endebajo del Museo Genaro Pérez. Cabe aclarar que mis
mermeladas son hechas a partir de chanchos que dieron su pleno
consentimiento para ello. En el proceso no fueron maltratados, tal
vez a veces, un poco manoseados para asco de ambas partes. Todos
ellos son cochinillos que hacen esto para obtener ingresos y con
suerte triunfar como individues para el día de mañana olvidarse de
sus principios y cagar a todo el que esté abajo en la pirámide
social. Así que colabore o no, usted estará haciendo un aporte a
este mundo. Todo muy contradictorio, lo sé, pero así son las cosas
hoy.

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