Y
aunque nunca nos detengamos a pensarlo, existimos. Sí, acá estamos.
Flotando a la deriva en un rincón de la eternidad. Ahí danzando
entre el gesto de bondad más sublime y colarnos en una fila; entre
un acto de amor desinteresado y pasar toda la vida peleados con otro
por una estupidez; entre dar hasta lo último que teníamos y ni
siquiera responderle al chico que nos pide en la calle; ahí en las
contradicciones más fascinantes reside el alma humana. Y siempre
estamos pensando... analizando que deberíamos haber dicho, cómo
deberíamos haber actuado, qué vamos a hacer mañana, qué le vamos
a decir a no sé quien, soñando despiertos todo el tiempo.. No
entendemos nada... si alguien nos creó, si somos el resultado de la
casualidad cósmica, si tenemos un espíritu, si algún día
volveremos a ver a los que ya no están.. Y aún así, sin ninguna
certeza, agobiados por nuestras propias complicaciones, abrumados por
el peso de la existencia; seguimos intentándolo.
Es que allá en
las profundidades del ser se alberga el mayor tesoro que tenemos: la
esperanza. Algo en nuestro interior nunca deja de decirnos “La
felicidad existe”. Y con sólo ese anhelo nos alcanza para luchar
toda una vida.

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