viernes, 27 de septiembre de 2019

La vida



Qué extática fascinación produce el hecho de existir. Allí donde posemos la vista hay reinos infinitos que se extienden en una ambrosía de gamas en las cuales se manifiestan. Incontables minerales, inacabables vegetales, sinnúmero de animales, la complejidad se extiende desde los átomos, moléculas, células; la Obra Sacra del Creador nos deslumbra cada día. ¿Se han detenido a ver las nubes alguna vez? El espectáculo de los atardeceres que bañan de oro y paz las almas de los humanos atribulados.. Y este mismo pobre ser anda vagando por la vida llenándose de miseria, preocupaciones y sentimientos mezquinos por buscar toda su vida tener muchos papelitos de colores. Y en medio de su angustia existencial, el humano se pregunta: ¿Pero por qué no puedo hallar la felicidad? ¿Por qué todo es como es? ¿Por qué existo? Yo no pedí nacer...
Y ante ese reclamo no hay respuesta. En un acto de inocencia que denota nuestro pobre desarrollo espiritual como humanidad, le exigimos razones al Eterno Inmanifestado. ¿Por qué existen los asesinos? ¿Por qué hay trata de personas? ¿Por qué ese niño murió de una enfermedad espantosa?
Una hormiga nunca va a poder entender lo que es ser un humano. Y un humano nunca va entender lo que es ser el Hacedor. De todas formas ya la respuesta fue dada hace miles de años...
“¡Tú no estabas ahí, cuando las estrellas cantaban y los ángeles danzaban!”
No, no estábamos al principio de los tiempos cuando Dios modeló la existencia y le dio forma a la realidad. Pero algún día retornaremos a la Eternidad. Y ese día entenderemos. Entenderemos y como lo hicimos hace eones, volveremos a danzar.




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