jueves, 31 de julio de 2014

Con el debido decoro

Estimado canciller Alexandre du Beauchamp:
Es bien sabido que todos en esta comunidad tenemos en gran aprecio a su familia. Pero debo informarle de un singular acontecimiento que tuvo como protagonista a su hijo Renard. Nos encontrábamos disfrutando de una fiesta privada en el palacio veraniego de Bernard Lafayette Jr, el culón. Era de noche, ya los esclavos dormían acurrunchados en sus madrigueras tras un arduo dia de palear excremento de morsa. Entre aplausos y nalgadas Madame Pipilión se animó a realizar un solo de violín. Fue entonces cuando el joven en cuestión prorrumpió en medio de la sala, en pelotas, cubierto de un líquido negruzco y con un cisne enredado entre sus piernas. Intentamos abarajarlo sin éxito. Logró colgarse de un candelabro y comenzó a orinar en nuestras cabezas desde lo alto. El cisne, entre chillidos, era revoleado rompiendo jarrones y esculturas. Por fin pudimos darle una tunda y maniatarlo. Confieso que nos ensañamos un tanto, el barón Bucard dejó caer sobre el muchacho una estantería y yo le tiré whisky en los ojos. Renard confesó que estaba en pelotas porque había desvirgado analmente a la hija del conde Hallouerd, invitada nuestra. Ella confirmó lo sucedido rengueando por los pasillos durante los días siguientes. El líquido oscuro en el cuerpo del muchacho era el resultado de haber chapoteado en todas nuestras reservas de caviar. El cisne no sabemos de donde salió.

Es por todo esto estimado Alexandre que me dirijo a usted. Le pido que venga a buscar al huevonaso de su hijo lo más pronto posible. Lo encontrará amarrado junto a los cerdos, porque estando atado dentro se las arregló para meterle la zancadilla a mi abuela, que con sus 117 años se estrelló en el piso como un saco de papas. Ahora la tenemos en una especie de pecera hasta que se recupere.





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