domingo, 13 de julio de 2014

Mientras permanezca en este mundo


Y estando sentados a la luz del fuego, Aeskil le preguntó a Ingvar mientras este afilaba su espada:

- “¿Pero cómo es que logras sobrevivir estando tantas veces al borde de la muerte?”

- “Pues verás querido amigo... hace mucho tiempo fui a cazar con mi padre. Él sabía de mi tristeza por una chica a la que poco le interesaba mi existencia. Mientras contemplábamos el atardecer y las nubes bañadas por los últimos rayos del sol, me dijo: 'Algún día en algún lugar de este mundo vas a encontrar a esa mujer que nació para acompañarte. Hasta entonces, en lo profundo de tu ser siempre habrás de sufrir' Dicho esto mi padre se pedorreó ruidosamente, pero creo que eso no era parte del mensaje.
Es por eso que no puedo permitirme morir, tengo que encontrarla o nunca voy a estar en paz. Lo peor de todo es que sé que hasta ese día ella también sufre. No tengo elección, tengo que mantenerme con vida para seguir buscándola...”

Aeskil ahora tenía el casco puesto para esconder sus ojos llenos de lágrimas. Varios guerreros se habían acercado a oír el relato. Lloraban como chicuelas en una fiesta de quince cuando pasan el video ese hecho en power point.
Es que además los forros de los trovadores en medio de la historia se habían puesto a tocar una canción triste. Y en el silencio de la noche, bajo el cielo rebosante de estrellas todos parecían haber sido tocados por el relato. No hubo ningún comentario al estilo de “¡Pero a vos lo que te falta es ponerla, Ingvar!” de parte de los desubicados de siempre. Todos estaban pensando en alguien que quisieron, querían o les gustaría querer. Ingvar lloraba en silencio. Por alguna razón u otra nunca había encontrado a esa persona que lo completara. Todo lo que ansiaba era poder verla reír, caminar entre los árboles en su compañía o sentir el olor de su pelo mientras la abrazaba. Él tenía esperanzas... Pero no era nada fácil vivir lleno de dolor por ese vacío que lo acompañaba desde hace tanto. Ingvar enjugó sus lágrimas y siguió afilando su arma.
 "Tengo un buen motivo por el que vivir...", pensó.






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