A
simple vista vemos un viejo choto cruzando la calle. Pero por dentro
este anciano experimenta algo sin comparación. En su cabeza miles de
datos se procesan: la velocidad del viento, los cambios en el campo
magnético de la Tierra, la trayectoria de los autos, las parábolas
de los ciclistas, la posición de las palomas, el tiempo que queda
para que cambie el semáforo, las rutas migratorias de los renos,
etc. Incontables variables se combinan en su mente para poder hacer
algo tan sencillo, así es, no se burle. Y esto obviamente significa
un gran consumo de energía para el viejo en cuestión. Y si durante
el proceso lo distraemos, le decimos “¡¿Qué hora es?!” por
ejemplo, sucede lo que llamaremos suceso gerontológico de grado 8
(el de grado 5 es cuando se caga encima). En estos casos el anciano
implosiona, quedando en su lugar un pequeño agujero negro. Lo que en
realidad no es algo malo per se.
Estos mismos agujeros son los que utiliza Stephen Hawking para
desplazarse por el espacio/tiempo. Viaja a través de ellos para
tener duelos a muerte con entidades siderales. Le hace bien, lo
despeja.
Ya
vemos pues, la importancia de ayudar a la gente mayor en la tarea de
atravesar calles con éxito. Notarán ustedes que siempre hice
referencia a un hombre de avanzada edad. ¿Qué sucede si lo ya dicho
le ocurre a una mujer que también cargue con un omelette de años?
Tiene lugar la no tan conocida “Paradoja de Legrand-Richelieu”,
mucho más compleja, obvio, y puede que algún día me den ganas de
explicarla.


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