viernes, 13 de febrero de 2015

Venimos en son de... ¿qué?


El fenómeno ovni. Todo un tema. Más que tratarse de si estamos sólos, el asunto es que realmente a la mayoría no le gustaría para nada que estemos acompañados. Si tantísima gente ya tiene demasiado con llegar a fin de mes, cambiar pañales, pelearse con sus vecinos y demás... ¿cómo íbamos a esperar que hagan lugar en sus ya descharnetadas mentes para seres del espacio? Extraterrestre. Hasta la palabra es fea. Ya es incómodo encontrarse con un conocido en la calle y pararse a tener una charla vacía... ¿quién va a querer tomarse un café, jugar al paddle o muchísimo peor: entrar en la nave de un desconocido intergaláctico? (con todo lo que puede implicar según lo aprendido gracias a Hollywood). Además la reputación no los ayuda, claro está. Mutilan ganado, raptan personas, arruinan sembradíos con obras de arte abstracto... Y lo peor de lo peor: realizan chequeos médicos o cirugías en contra de tu voluntad. Casi todos detestamos ir al médico. Siempre te encuentran algo. Bueno, esto es igual pero a la fuerza. Es una violación básicamente. Justamente muchos testimonios de abducidos incluyen exploraciones rectales y demás. Te toquetean el culo. Creo que los alienígenas no dan la cara y dicen “Hola, si existimos” por el famoso sentimiento de “cola de paja”. Y sí. Hoy por hoy, como están las cosas no les conviene para nada. Los haríamos mierda. Demasiadas cagadas se han mandado estos tipos. Primero deberían hacer una campaña de lavado de imagen: “Misterioso objeto luminoso es avistado en Berazategui. Todas las personas que se encontraban en el área reciben 3G en sus celulares de forma permanente. La gente está eufórica”, “Ovni permanece sobre campo de refugiados en Nigeria y proyecta Kung Fu Panda para la asombrada multitud” o “Platillo volador sobrevuela la Tomorrowland dejando caer botellas de agua y preservativos por miles”.
Pero pareciera que justamente son extraterrestres en cuanto a como quedar bien con la humanidad. No cazan una los pobres. O son unos forros. Sea como sea (lamento decirlo), si no cambian su conducta, no vamos a abandonar nuestra paranoia y ganas de reventarlos a tiros cada vez que los veamos. 





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