domingo, 27 de agosto de 2017

Encuentro de Remanentes Cómicos



Húbose una vez una antiquísima civilización, hace tantos años que ya hasta me duele el marulo de tratar de imaginarlo. Estas gentes eran de una raza élfica, feérica. Correteaban en pelotas por los bosques, se bañaban en manantiales tan fríos que se te arrugaba el upite cuando estabas a 10 metros del cauce, moraban en hogares construidos a partir de una relación simbiótica con sus queridos hermanos, los seres vegetales. Vivían entre 500 y 700 años, cantaban canciones hermosas a la luz de las estrellas, labraban hermosas joyas y forjaban las más terribles armas (pero sólo para cazar bichas que después se morfaban). Pero ¡oh! Qué sorpresa. De repente en nuestro mundo empezaron a aparecer unos tales Homo Sapiens. Estos nuevos guasos eran de otro palo, muy racionales y destructivos. Así que viendo como venía la mano, estas antiguas razas élficas decidieron dar un paso al costado y se escuendieron debajo de la tierra. Aún existen. Pero cambiaron de forma y son muy chiquitos ahora, pálidos y de ojos rasgados. Se dedican mas que todo a escupirle el asado sutilmente al ser humano cada vez que pueden. Porque nos tienen cierta pena y asco. Ellos estuvieron en este planeta por eones viviéndola muy ecofriendly. Nosotros la verdad que por como van las cosas, el mundo se acaba de acá a 100 años (si somos otimistas). Pobres moradores de las ciudades intraterrenas, pobres antiguos seres de luz, pobrecillos ellos. Tienen que observar desde otra dimensión como todo se nos va al carajo...






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