Y
un día nos cansamos. Ya no podemos más. Nuestro cuerpo se rinde y
deja de funcionar. Es entonces cuando el soplo de vida que nos fue
insuflado parte a otra realidad. Por fin se acabaron los esfuerzos
para mantener andando ese vehículo de materia que tantos momentos de
gozo y dolor nos dió. Ahora somos libres, libres al fin. Vamos a
poder descansar por un buen tiempo de los pesares del plano físico.
Por fin vemos claramente todo lo que no pudimos ver cuando estábamos
atrapados en ese perturbador sueño llamado “vida”. Pero tarde o
temprano debemos volver a ella. Bajo una nueva forma que va a
experimentar lo necesario para su crecimiento interno. Y así una y
otra vez, se repite la rueda del Samsara. Se repite por miles de
años. Hasta que un día, después de incontables aprendizajes,
logramos la iluminación espiritual. Samadhi, Nirvana, Éxtasis.. se
lo ha llamado de muchas formas. Pero su significado es el mismo:
hemos pasado la prueba de la existencia terrenal. Es allí cuando el
ser humano conoce por primera vez la verdadera paz de su espíritu.
Ahora puede descansar, se ha ganado su lugar en la eternidad. Dicen
que muchas almas, llegado este punto, deciden desencarnar a voluntad.
Es como cuando uno es chico y se entera que ya nunca más tiene que
ir al colegio. La felicidad es tan grande, la alegría
indescriptible. A veces esos espíritus libres hace poco, desean
compartir el gozo con sus hermanos que todavía se encuentran en el
plano físico. Radiantes, bajan desde el Paraíso a danzar entre las
estrellas. Y a veces los vemos en los cielos: brillantes luces que
evolucionan por el firmamento moviéndose de forma sorprendente.
Nosotros
acá abajo, tan chiquitos e ignorantes pensamos alarmados: ¿¡Pero
qué es eso?! ¡¿Es un ovni?! No, no lo es. Eso que baila en el
infinito es alguien que simplemente encontró la felicidad. Su vida
es danza, su cuerpo es luz, su sentimiento la dicha, su mayor tesoro
es la paz, su más grande deseo es que también seamos libres. Y por
eso descienden a nuestra realidad, para intentar despertarnos.
“Despierten pequeños humanitos, despierten. No tienen por qué
seguir sufriendo. ¡Despierten de una vez, por favor!”
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