domingo, 31 de julio de 2022

Facta non verba

 

A veces, al mirar en retrospectiva (y mejor si es con alguna música específica de fondo) no puede uno evitar pensar en la vida como en una tragicómica película. Si alguien dirige o supervisa los acontecimientos, si hay una Supraconsciencia detrás de todo, pareciera que está jugando al monopoly y que además por momentos se queda dormido; y que al volver a prestar atención hace lo que puede y como le dan las ganas. Eso teniendo una visión bastante cínica. También está la gente que ve todo como una gran y exquisita Creación, en la que todo lo que sucede está perfectamente calculado a niveles que la comprensión humana jamás podría abarcar. Y es por eso que debemos soportar los supuestos pesares de esta vida, porque hay una razón de fondo para cada uno de nuestros sufrimientos que solo conoce el omnisapiente Ser que todo lo hizo. Cosa que se nos complica cuando de repente muere un ser que amamos, cuando vemos que por eneagésima vez estalla la guerra en algún país o que un gatito murió de hambre en un rincón oscuro de la calle. Pasa un tanto, a mi parecer, por una mezcla de las experiencias vividas por cada persona, por su forma de plantarse ante la existencia y por lo que trae en sí a nivel genético; como va uno a formarse una idea del por que suceden las cosas en esta realidad que habitamos. A partir de ahí algunos serán ateos, otros motoqueros, terraplanistas y la lista continua ad infninitum. Pero - y acá esta la milanesa con puré de la cuestión - mas que en qué creemos, lo que importa es como obramos. Porque puede que alguien sea Maestro Glaseado grado 33 de la Gran Logia de los Eternautas, se haya comido 5438 tomos de ocultismo y de seminarios desde el año 64 sobre como alcanzar la iluminación. Pero si a la hora de ayudar a un amigo le esquiva al bulto o cuando le vienen a limpiar el vidrio en un semáforo, levanta la ventanilla; todos sabemos que habrá vivido una vida de chota para abajo. Pues no habrá colaborado ni un poquito en hacer de este mundo algo mejor. Mares de tinta se han escrito, millones de palabras se ha llevado el viento y acá estamos, desdichada humanidad rebosante de miserias. Hay que trabajar más en uno mismo y hacer énfasis en nuestros actos. Por eso es que me bajo del pedestal donde estaba, que es un cajón de verdulero, y abandono esta exhortación a los pueblos del planeta. Tengo que ir a ayudar a un pajarito al que se le tronchó un ala.





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