De todos los misterios que acompañan al ser humano, el
más profundo es la muerte. Alguien que ostentaba poder y era temido,
un día sin más, fallece de un paro cardíaco. Otra persona se salva
de milagro en un accidente aéreo y es el único que sobrevive entre
cientos. Cuando somos jóvenes nos creemos inmortales y hacemos cosas
estúpidas e insensatas. Pero a medida que vamos creciendo nos damos
cuenta de que cada vez el tiempo se acorta más ante el inexorable
final. Todas las grandes religiones y escuelas de pensamiento
sostienen que hay otro tipo de existencia después de esta vida
terrenal que conocemos. Y es así. Pero la muerte no afecta a quien
la experimenta, de hecho, es una liberación para el espíritu. Lo
más difícil de la muerte es lo que significa para los que nos
quedamos de este lado del velo. Al morir un ser amado, una parte
nuestra muere con ellos. Queda en nuestra alma y corazón un vacío
que ya nunca nada ni nadie podrá llenar. Es por eso que es tan grave
matar a otro ser humano. Porque el sufrimiento que ello provoca a sus
seres queridos es la experiencia más dolorosa que puede vivir el
hombre. Lamentablemente nuestra raza esta signada por una larga
historia que se remonta al principio de los tiempos. Cuando Caín
mató a Abel, comenzó un derrotero de desgracias que seguimos
arrastrando hasta el día de hoy. Ismael e Isaac siguen matándose y
esto parece no tener fin. La única forma de ponerle fin a esta
historia de sufrimiento, desgracia y dolor; es a través de las
enseñanzas de Jesús. Si todos los habitantes de este turbulento
planeta vivieran acorde a lo que el Cristo nos dijo, ahora estaríamos
viviendo en verdadera y anhelada Paz. Pero no es así. Hay muchas
personas que se empecinan en seguir actuando bajo la ley del Talión.
Y de esa manera lo único que se va a lograr es llevar a la raza
humana hacia la autodestrucción. Es triste que así termine la
historia de la presente humanidad, cuando tantos profetas fueron
enviados para mostrarles el correcto camino. Y ese camino es el del
Amor. “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también
vuestro corazón”.

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