sábado, 14 de octubre de 2023

La muerte

 


De todos los misterios que acompañan al ser humano, el más profundo es la muerte. Alguien que ostentaba poder y era temido, un día sin más, fallece de un paro cardíaco. Otra persona se salva de milagro en un accidente aéreo y es el único que sobrevive entre cientos. Cuando somos jóvenes nos creemos inmortales y hacemos cosas estúpidas e insensatas. Pero a medida que vamos creciendo nos damos cuenta de que cada vez el tiempo se acorta más ante el inexorable final. Todas las grandes religiones y escuelas de pensamiento sostienen que hay otro tipo de existencia después de esta vida terrenal que conocemos. Y es así. Pero la muerte no afecta a quien la experimenta, de hecho, es una liberación para el espíritu. Lo más difícil de la muerte es lo que significa para los que nos quedamos de este lado del velo. Al morir un ser amado, una parte nuestra muere con ellos. Queda en nuestra alma y corazón un vacío que ya nunca nada ni nadie podrá llenar. Es por eso que es tan grave matar a otro ser humano. Porque el sufrimiento que ello provoca a sus seres queridos es la experiencia más dolorosa que puede vivir el hombre. Lamentablemente nuestra raza esta signada por una larga historia que se remonta al principio de los tiempos. Cuando Caín mató a Abel, comenzó un derrotero de desgracias que seguimos arrastrando hasta el día de hoy. Ismael e Isaac siguen matándose y esto parece no tener fin. La única forma de ponerle fin a esta historia de sufrimiento, desgracia y dolor; es a través de las enseñanzas de Jesús. Si todos los habitantes de este turbulento planeta vivieran acorde a lo que el Cristo nos dijo, ahora estaríamos viviendo en verdadera y anhelada Paz. Pero no es así. Hay muchas personas que se empecinan en seguir actuando bajo la ley del Talión. Y de esa manera lo único que se va a lograr es llevar a la raza humana hacia la autodestrucción. Es triste que así termine la historia de la presente humanidad, cuando tantos profetas fueron enviados para mostrarles el correcto camino. Y ese camino es el del Amor. “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.







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