Es
sabido que el Imperio Romano no logró someter y dominar Germania. Al
ver que los intentos en ocupar esa región eran demasiado costosos en
vidas y dinero, el emperador Augusto desisitió. Pero hay ciertos
detalles poco conocidos de como fue que realmente sucedió esto. El
gran problema fueron los “comandos ardilla” (“Eichhörnchen
Trupp” en alto germano). Las legiones romanas se toparon con una
fuerza especializada de combatientes que les provocaron terribles inconvenientes. Se trataba de guerreros que utilizaban como única
protección la piel trasquilada de una ardilla sobre su cabeza.
Quintilio Varo nos narra en sus anotaciones “... y de improviso
ante nuestros incrédulos ojos, salió de entre los árboles una
turba de hombres. En pelotas y a los gritos. Por alguna extraña y
ridícula razón llevaban en su cabeza una ardilla. Entre la sorpresa
y el desconcierto demoramos en preparar nuestra formación. Nos
acribillaron”. En otro campamento romano el único sobreviviente de
una cohorte, relató a su centurión: “Me encontraba haciendo
guardia. En cierto momento me percaté que había un germano
espiándome con una ardilla por sombrero. Movía su cabeza de tal
manera que pareciese que la ardilla estaba viva. Yo pensé: 'Este
hombre no puede ser tan imbécil de creer que no veo que unida a esa
ardilla hay un germano de 1,80 de estatura'. Lo cierto es que
mientras debatía en mi mente sobre la increíble idiotez que estaba
viendo, el hombre se avalanzó y traspasó mi muslo con una lanza”.
Después de meses en los fríos bosques de Germania y con las
matanzas que se producían a diario, los legionarios no resistireron
más. Muchos de ellos se despertaban gritando en medio de la noche
por haber soñado con ardillas . Llegó un punto que incluso el
avistamiento de uno de estos pequeños animales era la causa de
ataques de pánico, delirium trémens y diarrea. Puesto que esos
bosques septentrionales están densamente poblados por estos roedores
masticadores de bellotas, se volvió un infierno para las legiones
romanas permanecer allí. Y cuando las últimas filas del ejército
romano cruzaban la frontera de Germania, desde los bosques arrojaban
ardillas (vivas) entre sus filas, mientras les gritaban "¡Drückeberger, drückeberger!" (¡Cagones, cagones!)


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