domingo, 11 de mayo de 2014

El Águila y la ardilla


Es sabido que el Imperio Romano no logró someter y dominar Germania. Al ver que los intentos en ocupar esa región eran demasiado costosos en vidas y dinero, el emperador Augusto desisitió. Pero hay ciertos detalles poco conocidos de como fue que realmente sucedió esto. El gran problema fueron los “comandos ardilla” (“Eichhörnchen Trupp” en alto germano). Las legiones romanas se toparon con una fuerza especializada de combatientes que les provocaron terribles inconvenientes. Se trataba de guerreros que utilizaban como única protección la piel trasquilada de una ardilla sobre su cabeza. Quintilio Varo nos narra en sus anotaciones “... y de improviso ante nuestros incrédulos ojos, salió de entre los árboles una turba de hombres. En pelotas y a los gritos. Por alguna extraña y ridícula razón llevaban en su cabeza una ardilla. Entre la sorpresa y el desconcierto demoramos en preparar nuestra formación. Nos acribillaron”. En otro campamento romano el único sobreviviente de una cohorte, relató a su centurión: “Me encontraba haciendo guardia. En cierto momento me percaté que había un germano espiándome con una ardilla por sombrero. Movía su cabeza de tal manera que pareciese que la ardilla estaba viva. Yo pensé: 'Este hombre no puede ser tan imbécil de creer que no veo que unida a esa ardilla hay un germano de 1,80 de estatura'. Lo cierto es que mientras debatía en mi mente sobre la increíble idiotez que estaba viendo, el hombre se avalanzó y traspasó mi muslo con una lanza”. Después de meses en los fríos bosques de Germania y con las matanzas que se producían a diario, los legionarios no resistireron más. Muchos de ellos se despertaban gritando en medio de la noche por haber soñado con ardillas . Llegó un punto que incluso el avistamiento de uno de estos pequeños animales era la causa de ataques de pánico, delirium trémens y diarrea. Puesto que esos bosques septentrionales están densamente poblados por estos roedores masticadores de bellotas, se volvió un infierno para las legiones romanas permanecer allí. Y cuando las últimas filas del ejército romano cruzaban la frontera de Germania, desde los bosques arrojaban ardillas (vivas) entre sus filas, mientras les gritaban "¡Drückeberger, drückeberger!" (¡Cagones, cagones!)





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