•Pregunta:
¿Y... te gusta?
Pensamiento:
Pero que poronga. No lo voy a usar en la puta vida.
Respuesta:
¡Qué lindo! ¡Tenía pensado comprarme uno!
•Pregunta:
¿Tenés cambio de 100?
Pensamiento:
Es un kiosco esto. Tengo cambio. Lo que no tengo son ganas de que me
lo lleven comprando boludeces.
Respuesta:
Si si, no te hagas drama.
•Pregunta:
¿Qué tal está la chocotortaaaa?
Pensamiento:
Ojalá tuviera algo cerca para escupir esto. ¿Cómo puede ser que le
salga siempre tan hedionda?
Respuesta:
¡Riquísima!
•Pregunta:
¿Con lluvia de papas?
Pensamiento:
No hijo de puta, si vine a pancho y papas para comer tallarines con
tuco.
Respuesta:
Si, gracias.
Si
en esta vida todos dijéramos lo primero que se nos viene a la
cabeza, se iría todo a la mierda. No al homicidio hablado
(sincericidio). Antes de decir algo; pasemos nuestras palabras por
huevo, pan rallado y le brindemos a nuestro interlocutor una milanesa
verbal fácil de digerir.

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