Al
contrario de lo que se piensa, la gente de la Antigüedad se aburría
bastante. Estaba muy al pedo por así decir. Muchos piensan
estúpidamente: “No tenían, cine, deportes, libros, computadoras,
etc” Pues no, claro que no. No tenían nada de eso. Y tampoco
tenían máquinas del tiempo para venir al presente y hacer la
comparación de todo lo que no tenían. En fin... Podríamos pensar:
“Entonces estaban al tope de su asombro con un hacha de sílex como
nosotros lo estamos con un smartphone. Lo cierto es que no. A ver:
¿qué tantas cosas podés hacer con un hacha de sílex? Si, muy pocas. Tres como
mucho. Lo más interesante que podía pasar en ese entonces era que
un árbol cayera encima de un ciervo o algo así. Y a partir de este
alpedismo exacerbado se creo el Gran Consejo de Sabios que no Tienen
Nada que Hacer. Así fue como un día en una de las reuniones (se
juntaban todos los días, obvio, si estaban al re pedo) Caitir habló
con palabras que asombraron a todos. Lo que proponía era una
transgresión al alpedismo establecido. Su idea era esculpir piedras
gigantescas, trasladarlas cientos de kilómetros y disponerlas en
círculos concéntricos. Todo esto, está claro, sin otro motivo que la sobreabundancia de tiempo libre. El discurso de
Caitir fue este: “Pensémoslo bien. Puede que la humanidad nunca
esté tan al pedo como lo estamos ahora. Los tiempos corren veloces.
Todos sabemos que algún tarado inventó la rueda hace poco en Medio
Oriente. Antes que nos demos cuenta el hombre va a estar ocupado
haciendo cosas necesarias - Ante esas palabras los otros sabios se
horrorizaron. Algunos se cubrieron el rostro y un par le tiraron
palos y piedritas - Tenemos que aprovechar este momento. Y entonces
las generaciones futuras al contemplar nuestra obra podrán decir
“¡Qué increíble! ¿Acaso no tenían nada mejor que hacer estas
pobres gentes?” No, no tenemos nada mejor que hacer. Tú Ciorstan,
sé que has estado intentando contar las estrellas desde hace tres
años. Dolag se fue de la aldea tratando de encontrar el lugar de
donde viene el viento. Eamuc ya le puso nombre al árbol número
5.207 y piensa seguir con esta tarea. Creo que he sido bastante
claro. Sólo espero que lo entiendan” Inspirados por tan sabias palabras, pusieron manos
a la obra. Y en un acto de alpedismo monumental construyeron lo que
hoy llamamos Stonehenge. Pero estas simpáticas gentes del Neolítico
nunca iban a saber que años antes y en tierras distantes se había
llevado a cabo un proyecto más ambicioso aún. Impulsados por la
vacuidad del desierto fue traída a la existencia la ópera magna del
alpedismo en la Tierra: Las pirámides de Egipto.


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