jueves, 12 de junio de 2014

Aurea Aetas


Al contrario de lo que se piensa, la gente de la Antigüedad se aburría bastante. Estaba muy al pedo por así decir. Muchos piensan estúpidamente: “No tenían, cine, deportes, libros, computadoras, etc” Pues no, claro que no. No tenían nada de eso. Y tampoco tenían máquinas del tiempo para venir al presente y hacer la comparación de todo lo que no tenían. En fin... Podríamos pensar: “Entonces estaban al tope de su asombro con un hacha de sílex como nosotros lo estamos con un smartphone. Lo cierto es que no. A ver: ¿qué tantas cosas podés hacer con un hacha de sílex? Si, muy pocas. Tres como mucho. Lo más interesante que podía pasar en ese entonces era que un árbol cayera encima de un ciervo o algo así. Y a partir de este alpedismo exacerbado se creo el Gran Consejo de Sabios que no Tienen Nada que Hacer. Así fue como un día en una de las reuniones (se juntaban todos los días, obvio, si estaban al re pedo) Caitir habló con palabras que asombraron a todos. Lo que proponía era una transgresión al alpedismo establecido. Su idea era esculpir piedras gigantescas, trasladarlas cientos de kilómetros y disponerlas en círculos concéntricos. Todo esto, está claro, sin otro motivo que la sobreabundancia de tiempo libre. El discurso de Caitir fue este: “Pensémoslo bien. Puede que la humanidad nunca esté tan al pedo como lo estamos ahora. Los tiempos corren veloces. Todos sabemos que algún tarado inventó la rueda hace poco en Medio Oriente. Antes que nos demos cuenta el hombre va a estar ocupado haciendo cosas necesarias - Ante esas palabras los otros sabios se horrorizaron. Algunos se cubrieron el rostro y un par le tiraron palos y piedritas - Tenemos que aprovechar este momento. Y entonces las generaciones futuras al contemplar nuestra obra podrán decir “¡Qué increíble! ¿Acaso no tenían nada mejor que hacer estas pobres gentes?” No, no tenemos nada mejor que hacer. Tú Ciorstan, sé que has estado intentando contar las estrellas desde hace tres años. Dolag se fue de la aldea tratando de encontrar el lugar de donde viene el viento. Eamuc ya le puso nombre al árbol número 5.207 y piensa seguir con esta tarea. Creo que he sido bastante claro. Sólo espero que lo entiendan” Inspirados por tan sabias palabras, pusieron manos a la obra. Y en un acto de alpedismo monumental construyeron lo que hoy llamamos Stonehenge. Pero estas simpáticas gentes del Neolítico nunca iban a saber que años antes y en tierras distantes se había llevado a cabo un proyecto más ambicioso aún. Impulsados por la vacuidad del desierto fue traída a la existencia la ópera magna del alpedismo en la Tierra: Las pirámides de Egipto. 




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