Cuando
el último muñeco silbador de Mickey sea arrojado a la basura, dice
la profecía que despertará Walt Disney. En chancletas y con
muchísimas ganas de mear. Después de ponerse al tanto de como viene
la mano con el mundo, se tomará un té con leche. Y luego liberará a
la humanidad. La batalla será en el desierto de Gobi. Allí citará
al verdadero enemigo del hombre para combatir en un duelo abrumadoramente épico. Luego de esperar durante días en silencio y comiendo tubérculos, Walt
verá aparecer a la encarnación del mal en la tierra. Ronald
McDonald. Entonces Walt se revelará como realmente es. Un ser divino
enviado para la redención del ser humano. Su mirada será la del
sol. Ante su voz temblará la tierra y se partirán las piedras. Su
olor será a Polo Blue de Ralph Lauren. Ronald se arrepentirá por
cada Big Mac vendida. Pero ya será demasiado tarde. Lucharán
durante 10 días (ponele) hasta que Walt de un golpe triunfal
decapitará al payaso gastronómico. Y habrá jolgorio, alegría,
dicha y comida con bajo colesterol en el mundo. Con la caída de la
columna central del capitalismo, la humanidad comenzará una era
utópica de paz, abundancia y hermandad. Regresará el Principito
entre nosotros y para celebrar el triunfo del bien ejecutará la
obertura 115 de Massenet para flautín, charango y guitarra eléctrica.

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