domingo, 31 de julio de 2022

Metacognición

 

Muy dado a elucubraciones de poca monta, es así también como ahora mismo me aboco a verter mi espíritu en chuscas palabras. El derrotero de un desdichado bicho bolita suscita profundas emociones en mi ser y me pregunto “¿Realmente importamos?”. Pues si este chiste cósmico sigue proyectándose como lo hemos visto hasta ahora, es probable que nuestras humanas existencias (de las cuales nos sentimos tan pagados, todos montados en los ponys de nuestros egos cual payasos ónticos) no tengan trascendencia alguna y solo seamos parte ínfima y desestimable de un trazado multiversal que ni cerca estamos de comprender. Mientras mi alma alza un triste vuelo con esos pensamientos existencialistas, el bicho bolita sigue recorriendo soporíferamente la baldosa. “Sí, tal vez nuestras vidas sean tan solo eso..” sigo pensando, pues es sabido que con nuestras mentes damos forma a la realidad. Y si es mi profunda convicción que la vida de los humanos no tiene sentido alguno, así pasaré por este mundo. Es por eso mismo que haciendo uso de algo que ciertas personas han dado en llamar “chispa divina”, decido dar un giro a mis pensamientos. Pues esa manera de ver las cosas solo me llevaría a ser un pobre infeliz. Y nadie quiere eso, sobre todo yo. “Ya que he venido a habitar este envoltorio corpóreo, haré buen uso de él” me dije a mi mismo mientras terminaba mi café de un raquetazo. “Aprovecharé mi efímero paso por este mundo. Puede que la razón de nuestro existir sea justamente el que elegimos darle” seguí diciéndome, mientras le sonreía a una pequeña niña que se reía ante mi gesto. Le dejé una generosa propina al mozo y vi en su rostro la gratitud que eso provocaba. Ahora el bicho bolita era ante mi mirada un complejo y maravilloso organismo, habitante de un cosmos infinito y poblado de misterios. Me encontraba liviano, lleno de energía y era como que un sol habitaba en mi pecho. Podía sentir mi espíritu diciéndome “Vas bien, es por acá la cosa”. Supe entonces, en una epifanía, que ya nunca podría volver a perder tiempo dejándome llevar por engañosas ideas acerca de que esta vida no tiene sentido. El sentido se lo estaba dando yo con cada paso que daba. Me reí solo, el viaje recién comenzaba.






El Cielo en la Tierra

 

¿Quién no ha deseado alguna vez abandonar este envoltorio corporal y experimentar la libertad de la inmaterialidad? Todos de alguna forma u otra buscamos evadirnos de esta realidad que tantas veces nos pesa. Alcohol, drogas, sexo, deporte, meditación.. son algunas de las diferentes formas que encontramos para escaparnos por un rato de la carga que es nuestra experiencia en este plano. Pobre el ser humano al que le ha tocado padecer de esta forma su propia existencia. No sabemos por qué, pero en el fondo de nuestro espíritu siempre hay una parte nuestra a la que le falta algo. Solo quisiéramos llenar ese vacío y estar en paz. Qué trágica belleza tiene el hecho de que en los momentos más dolorosos, de las profundidades de nuestro ser brota ese sufrimiento en forma de fluido vital, agua, que derramamos por los ojos. Por unos momentos pareciera que, ya no pudiendo contener más el dolor que cargamos, fluye de nuestro interior la esencia vital. Se nos va un poquito de vida, por esas, las llamadas ventanas del alma. Y por algún poético guiño, muchos de nosotros anhelamos también algún día encontrar unos ojos en los que pueda descansar nuestro corazón. Alguien que nos haga sentir menos solos. Por suerte a veces encontramos a ese alguien. Entonces ya no tenemos tanta necesidad de evadirnos de este plano. Y el tiempo que sea que dure eso, estando acompañados el vacío en el alma se siente mucho menos...





Facta non verba

 

A veces, al mirar en retrospectiva (y mejor si es con alguna música específica de fondo) no puede uno evitar pensar en la vida como en una tragicómica película. Si alguien dirige o supervisa los acontecimientos, si hay una Supraconsciencia detrás de todo, pareciera que está jugando al monopoly y que además por momentos se queda dormido; y que al volver a prestar atención hace lo que puede y como le dan las ganas. Eso teniendo una visión bastante cínica. También está la gente que ve todo como una gran y exquisita Creación, en la que todo lo que sucede está perfectamente calculado a niveles que la comprensión humana jamás podría abarcar. Y es por eso que debemos soportar los supuestos pesares de esta vida, porque hay una razón de fondo para cada uno de nuestros sufrimientos que solo conoce el omnisapiente Ser que todo lo hizo. Cosa que se nos complica cuando de repente muere un ser que amamos, cuando vemos que por eneagésima vez estalla la guerra en algún país o que un gatito murió de hambre en un rincón oscuro de la calle. Pasa un tanto, a mi parecer, por una mezcla de las experiencias vividas por cada persona, por su forma de plantarse ante la existencia y por lo que trae en sí a nivel genético; como va uno a formarse una idea del por que suceden las cosas en esta realidad que habitamos. A partir de ahí algunos serán ateos, otros motoqueros, terraplanistas y la lista continua ad infninitum. Pero - y acá esta la milanesa con puré de la cuestión - mas que en qué creemos, lo que importa es como obramos. Porque puede que alguien sea Maestro Glaseado grado 33 de la Gran Logia de los Eternautas, se haya comido 5438 tomos de ocultismo y de seminarios desde el año 64 sobre como alcanzar la iluminación. Pero si a la hora de ayudar a un amigo le esquiva al bulto o cuando le vienen a limpiar el vidrio en un semáforo, levanta la ventanilla; todos sabemos que habrá vivido una vida de chota para abajo. Pues no habrá colaborado ni un poquito en hacer de este mundo algo mejor. Mares de tinta se han escrito, millones de palabras se ha llevado el viento y acá estamos, desdichada humanidad rebosante de miserias. Hay que trabajar más en uno mismo y hacer énfasis en nuestros actos. Por eso es que me bajo del pedestal donde estaba, que es un cajón de verdulero, y abandono esta exhortación a los pueblos del planeta. Tengo que ir a ayudar a un pajarito al que se le tronchó un ala.





Hijos de la eternidad

 

¿Es que acaso alguna vez te has detenido a contemplar el milagro de tu vida? Tú, que eres la síntesis de millones de años de evolución. Tú, que contienes en tu organismo la esencia de las estrellas. Tú, que por un designio de lo Alto has venido a habitar en el reino de lo que es. Tú, que eres el crisol donde día tras día se funde el espacio y el tiempo, brindándote incontables posibilidades. Tú, que tienes en tu pecho un sol que te impulsa a seguir en las peores adversidades. Tú, que eres portador de una consciencia que puede develar los misterios del universo. Tú, que has sido bendecido con un espíritu inmaterial e indestructible, chispa divina del Creador. ¡Despierta, tú que duermes! ¡Despierta y ocupa el trono de tu propia existencia!




viernes, 6 de mayo de 2022

Reencarme esta

 

Mientras caminaba de regreso a casa, bajo los efectos psicoactivos de un café al paso, mi mente como de costumbre, se perdía en el éter.. ¿cuáles serían las implicancias de que yo haya sido un príncipe en el período atlante del planeta? (esto según la dudosa información de quien me realizó los registros akáshicos mientras comía helado viejo) ¿a alguna persona le dirán que fue un humilde plomero atlante? O siendo más cínico, ¿te dirán si fuiste un cagador atlante? Sería lógico que haya habido una superabundancia de los del último caso y me aventuro a pensar que la mayoría de ellos al parecer han reencarnado en nuestro desdichado país. Mientras mis pensamientos seguían esos ridículos rumbos, en el plano físico yo trataba de esquivar incontables soretes de perros. Sus dueños por alguna situación kármica habían decidido no juntarlos. Sospeché que muchos de ellos probablemente habían sido garcas en la era lemuriana. Viendo como está el mundo, creo que no debe faltar mucho para que explote todo de nuevo... como pasó, obviamente, en la Atlántida. ¿Es que acaso alguna vez podremos nosotros, tragicómicos seres provistos de conciencia, eyectarnos de este planeta y dejar de andar reencarnando de acá para allá? ¿Somos acaso los boludos cuánticos de la galaxia? Parece que el destino último del ser humano es trascender este plano. O sea, nos mandaron acá para que nos vayamos.. parece joda. La mayoría de los credos y profetas proponen eso. Si ya uno le suma a esta dificilísima tarea de elevación espiritual, la posibilidad de alguna conspiración anunnaki, illuminati o masónico-reptiliana.. la realidad se nos complica hasta el mismísimo carajo y más allá. Así que me parece más amigable seguir pensando que si soy buen tipo y mantengo mis chakras en fila quizás cuando palme les pueda decir a mis guías espirituales: por favor, no quiero volver a este planeta ninguneado por la Hermandad Blanca que cada día baja más en el ranking de la Confederación Galáctica. 







martes, 21 de diciembre de 2021

Sin duda alguna

 

En esos días empecé a sentirme medio mal.. ya venía venir el bajón. Sonó el despertador y pensé en no levantarme. Simplemente quedarme tirado y estar unos días así, sin ganas de nada. Estuve a punto de dejarme llevar por esa espiral descendente hacia una pseudo depresión. Pero un rayo de sol me dió en la cara. Y pensé.. pensé en esas partículas subatómicas que viajaron millones de kilómetros desde una esfera ígnea que flota en la eternidad. Que ese astro, emperador de la luz, viene dándole motivo de admiración a la humanidad desde el principio de los tiempos. Que puedo percibir esa luz porque tengo unos órganos llamados ojos que poseen una complejidad exquisita y que tardaron miles de millones de años en llegar a ser lo que son. Que los ojos de una chica que quise eran azules y que aunque ya no nos hablemos, se que ella por ahí se debe acordar de mi con cariño cuando ve un peluche en forma de tomate que le regalé. Pensé en el azul del mar y que la primera vez que lo vi, me salió una risa involuntaria al ver esa inmensidad inabarcable. Pensé en el agua que encierra el misterio de la vida y que si no me levantaba no iba a poder regar mis pobres plantitas. Pensé que es tan increíble toda la naturaleza: las formas y colores de los minerales, el aroma y la belleza de las plantas, los hábitos y la compañía de los animales. Pensé en la ternura idiótica que me genera acariciar y jugar con Carlitos, el gato de mi familia. Pensé en mi papá, que cada vez que lo cargo con que su hobbie es ir a ver mi auto sin que yo le pida para comprobar que todo esté bien, el se ríe. Pensé en mi mamá, que siempre cocina algo que sabe que me gusta cuando anda de visita. Pensé en mi hermano con el que vivimos tantas aventuras y travesuras de niños. Pensé en mi hermana y que cada vez que veo un meme tierno con gatitos lo guardo porque se que le encantan. Pensé en todos mis amigos y lo feliz que me pone hacerlos reír cada vez que puedo. Pensé en la ricura celestial de la comida, en la hermosura de las nubes, en la alegría de saber que hay unos tipos intergalácticos o interdimensionales dando vueltas en naves desde hace miles de años y todavía nadie sabe bien que quieren. Pensé en todos los libros fantásticos que leí, en todos las canciones orgásmicas que escuché y que en ambos casos quedan miles que me faltan por descubrir. Pensé en todos los lugares únicos que me quedan por conocer en este mundo lleno de misterios. Pensé en todas las hermosas chicas que abracé, besé y con quienes compartí noches y amaneceres. Y ya en ese punto, simplemente todo mi ser rebosaba de las mas potentísima de las energías existentes: gloria al Creador en las alturas, bendito sea el tiempo antes del tiempo, que en su infinita sabiduría decidió dar lugar a esta, la mas increíble de las historias jamás contadas, la historia de la existencia. ¿Cómo me iba a quedar tirado si tengo un corazón palpitante que bombea el sacro fluido vital a este recipiente de inconmensurable sofisticación que hemos llamado cuerpo? ¿Cómo me iba a quedar echado si algún otro ser humano debe andar medio triste y yo puedo ser quien con un pequeño gesto le recuerde que la bondad habita en todos nosotros? ¿Cómo me iba a quedar ahí inerte si con solo decir alguna estupidez ocurrente, puedo hacer brotar la risa de uno de mis seres queridos: siendo ese sonido áureo, bálsamo para mi espíritu? Llegará un día en el que tenga que permanecer inmóvil en un merecido descanso final. Hasta entonces, seguiré participando en esta danza cósmica de la que todos formamos parte. Pues todos los humanos hemos sido arrojados a la existencia como una torta desde una catapulta. Nunca terminamos de entender bien de que va esta cosa llamada vida. Pero acá estamos y como dijera un simpático ser: ¡la puta que vale la pena estar vivo!








Relatos de Álanthar sobre la vida en la Tierra X

 


“Álanthar, se que esta misión que te encomiendo es un cogornio, pero sólo tú puedes con ella.” Esas fueron las palabras que me dirigió el comandante de la nave nodriza en la que estoy hace 11000 años. El nombre de mi superior es Irminsúl y hace honor a él (ah cualquiera). La cosa es que yo le dije: “Cero drama, bro. Para eso estamos acá”. A lo que él me respondió: “No seas un ordinario intergaláctico y dirígete a mí de manera respetuosa”. No, mentira nada de eso pasó. Lo que sí pasó es lo de que me encomendó una difícil misión. Ir a destruir la base de los grises del planeta Xlodron. A la cual ya había intentado reducir a cenizas cuánticas en una misión anterior, pero en ese caso todo salió como el sorcho. Mientras ultimábamos detalles de lo que sería el plan para llevar a cabo mi epopéyica campaña, se acercó a nosotros un personaje por todos conocidos en la nave. Se trataba de Denrien-co, un ser solar de inigualables capacidades científicas y creativas. Se aproximó levitando rodeado de un halo de luz dorada y me dijo: “Álanthar, debes empezarte a peinar raya al medio” Re que no fue eso lo que dijo. Me dijo: “Álanthar, sé de la importante labor que realizas desde hace eones combatiendo reptilianos, grises y demás bichas chotísimas que habitan el cosmos. Por eso te he fabricado esta nueva arma. Tienes que posicionar el magneto heptadimensional en la zona de tu corazón. Cada vez que rías, sientas amor o paz; se cargará energía en tu esta escopeta electromagnético-causal. Y de esa forma cuando te encuentres en batalla, al apretar el gatillo, saldrá un bolo de plasma ionizado con energías de alta vibración. Este tipo de energías sintetizadas a partir de emociones purísimamente puras, es terriblemente destructivo para seres de planos oscuros.” Con ese impresionante artilugio me encaminé a abordar mi fiel y peripatética nave, Hakor-Sul. Estuvimos un rato chacoteando y poniéndonos al día, luego le conté lo que teníamos que hacer. Se mostró un tanto reacia, porque la última vez que intentamos destruir esas bases casi nos la dan. Le prometí que al terminar con esta bélica faena sideral, íriamos a ver las guarderias de estrellas en las Pléyades (de paso yo visito a mi novia que vive allá). A lo que Hakor accedió. Me subí en ella, pusimos el campo merkaba a funcionar a 777 hertz y aparecimos instantáneamente en Xlodron. Como ocurre en los viajes interdimensio-espaciotemporales, a nosotros nos pareció que el viaje duró 3 horas. En ese rato recordámos pasadas aventuras con mi nave y nos embambilamos de la risa. Así fue que cuando llegamos al planeta, mi escopeta anidimensional estaba con una carga de una potencia que ni te cuento. Me multipliqué taquionicamente en 44 bases de los nefastos grises al mismo tiempo. Allí los recagué a escopetazos, no quedando ni tan sólo uno de ellos. Pero hubo una base en la que no cesaban de aparecer estas pedórrilas creaturas. Por lo que replegué mis 44 dobles etéricos en mi verdadero yo, el Álanthar original digamos. Y seguía mata que te mata grises. El último que quedaba, apretó un comando antes de que yo lo escopeteara. Y como consecuencia de su vil actuar, vi como una puerta enorme comenzaba abrirse. Sí, lo que salió de ahí era un gigantesco reptiliano de 7 metros de alto, de la casta draconiana. Hedionda criatura si las hay: tanto por su maldad, como por su olor a huevas podridas. Le pegué varios tiros, pero no parecían hacerle nada. Se me había acabado la carga y no se me ocurría que hacer. El bicharrancio se avalanzó sobre mí y yo ya me veía siendo despedazado por esta horrípida criatura. En eso Hakor-sul, se metió entre las patas de la bestia, haciéndola trompezar. Cayó de bruces, dando su cara contra el piso. Tuve una súbita revelación y materializando mi espada de luz crística, le revané la cabeza. Abracé a Hakor y agradecimos al Creador por tal hazaña intergaláctica. En la nave madre nos recibieron con dicha, cháchara y dicharacherismos. Esto es así, los buenos siempre ganamos.




martes, 28 de septiembre de 2021

Dale, yo te aviso

 

No es que alguna vez haya sido un asunto sencillo esto del “amor”. Por este motivo nos llegaron hasta hoy relatos de parejas que se suicidaban, se generaban guerras entre países o el de la chica a la que se le llenaron los ojos de amaneceres en el muelle de San Blas. Encima, muchos de nosotros, siendo criados con romances hollywoodenses, hemos sido engañados cruelmente. Eso del amor eterno y el final feliz corriendo por una pradera tomados de la mano, puso la vara vaya a saber donde. Pero en estos últimos años con las redes sociales, las cosas escalaron a un nivel tragicómico sin igual. Nunca hubo tantas maneras diferentes de tener desencuentros. Personas que en los primeros tiempos respondían con un “Holaaa” cargado de interés e ilusión, después de verse un par de veces, terminan convirtiéndose en un triste y desagradable doble tilde azul. Y así una y otra vez, acumulamos incontables experiencias con gente que nos hace sentir mal y también nosotros a ellas. “Es que le gustaban demasiado los carbohidratos”, “Lo que pasaba es que laburaba mucho”, “Me cansé de que siempre quisiera quedarse a dormir”. Nunca nadie es suficiente. Pasan los años y uno comienza a preguntarse de que va toda esta historia, que pareciera una mezcla de comedia estúpida yankee y tragedia griega desoladora. Porque estamos bien así sin nadie, pero a la vez no. Nos gusta que nadie nos haga reclamos, no tener que dar explicaciones y ser libres. Pero también cuando volvemos a las 4 de la mañana, solos, después de una salida, a veces no podemos evitar bajar la guardia. Y es ahí cuando se manifiesta la ausencia que habita en lo profundo de nuestra alma. Nos acordamos de ese “alguien” que alguna vez quisimos. Del olor de su pelo, la textura de sus labios, el sonido de su risa.. Duele mucho pensar que alguna vez estuvimos bastante cerca de ser felices junto a otro.. Y entonces justo nos responderá un chat algún infeliz ser al que le escribimos hace 5 horas o más. Al que claramente no le contestaremos ahora, mañana o tal vez nunca jamás. Porque ya hace rato que nadie nos importa de verdad. Quedará ese mensaje flotando en la “nube” hasta que termine el universo, junto con miles de millones de patéticos intentos de otros miserables humanitos de dejar de sentirse solos aunque sea por un rato. Peeero, ¿quién te dice? Por ahí la semana que viene o dentro de unos meses, entre ese océano de citas y encuentros chotísimos, coincidís con alguien. Y terminan abrazados, sabiendo que el perfume que ahora están sintiendo en el cuello del otro, un día lo van a extrañar demasiado.






miércoles, 25 de agosto de 2021

Gloria en las alturas

 

“Estaba distraído, con la mirada vacía. De repente un brillo intenso dibujó un trazo en la bóveda celeste. Una estrella fugaz atravesó el cielo nocturno. Extasiado, contemplé como esa luz danzante se manifestaba. Efímero despliegue cósmico de una belleza incomparable. Mi espíritu se inflamó ante el diáfano espectáculo celestial. ¡Quién pudiera viajar por la bastedad del espacio como ígneo mensajero radiante! ¡Transitar el universo como heraldo de los astros! ¡Quién pudiera ser portador de la llama de la eternidad! ¿Por qué has venido a perturbar mi rastrera existencia? ¿No sabes acaso que tan solo soy una miserable criatura hecha de polvo? ¿Acaso ahora anhelaré para siempre ser como tú y vagar libre por el lienzo infinito de la Creación?”

- Eu

- Eh?

- Ya están los choris

- Ah, sí. Ahí voy




Palabras de Álanthar, de la estrella Alcyone, en el Congreso anual de la Confederación Galáctica Nº 337451

“Y que decir del hombre, ridícula criatura si las hay. Desde sus comienzos demuestra ser un verdadero pelmazo para sí mismo y todas las desdichadas bichas del planeta. Pero al mismo tiempo su situación genera lástima: ha sido arrojado a la existencia sin más, improvisadamente se diría. Como si de un amargo chiste se tratara, su propia esencia parece carecer de sentido. El mismo intelecto que lo hace destacarse entre los animales, es el que le genera las lamentables conductas demenciales y autodestructivas que lo caracterizan. En los últimos 50.000 años, donde supuestamente alcanzó el clímax de su desarrollo, solo ha derrapado de la manera mas aberrante. Hace poco tiempo, ciertos individuos (rozando la estupidez mas abyecta) han logrado sembrar entre sus congéneres la ideología de que su planeta tiene forma de cucurucho. Esto es solo un triste detalle que se suma a la interminable lista de hechos paparruchísticos que caracterizan a esta especie. Ya todos saben muy bien de su repetitiva costumbre de generar guerras, destruir ecosistemas y demás actividades que no es necesario detallar. Mi propuesta es darles a estos tragicómicos seres unos 1000 años más. Si en ese lapso de tiempo no rectifican su caminar, será necesario dirigir nuevamente un asteroide hacia su planeta. Como sabrán esto ya se ha hecho en el pasado para corregir el caso de los dinosaurios y los atlantes (que sucumbieron tras descubrir la fabricación de los embutidos). Sin más, dejo el estrado con unas últimas palabras: propongo que se le quite la tutela de la Tierra a los reptilianos. Se han hecho auditorías sobre su manejo del presupuesto y hay fuertes evidencias que han estado desviando fondos hacia un paraíso fiscal en Zeta Reticuli. Vergüenza debería darles, sabandijas interdimensionales”