lunes, 10 de agosto de 2020

Relatos de Alanthar sobre la vida en la Tierra IV

 

Desperté del viaje en criogenia con un tremendo dolor de cabeza. En parte debe haber sido porque Hakor-Sul me quiso sorprender con un desayuno sorpresa y se le quemó todo. Había una humareda hedionda adentro de la nave. Se le quemaron hasta los huevos y el café con leche, algo que hasta el día de hoy no puedo entender. En fin, salí de la capsula y me dirigí al centro de mandos. Si, efectivamente ya nos encontrábamos en el nauseabundo planeta llamado “Tierra” por sus desdichados y alterados habitantes. Iniciamos nuestro descenso en el país llamado Estados Unidos, pero se dieron cuenta de nuestra presencia y nos empezaron a tirar con de todo. Nuestra idea era ir al Monte Shasta a ver como venían nuestros hermanos del cosmos ahí. Pero se complicaba el asunto si teníamos que estar esquivando drones y misiles. Así que cambiamos de rumbo hacia otro país, Argentina. En el camino le tiramos comida a una manada de delfines, que nos agradecieron con elaboradas piruetas y saltimbancos oceánicos. Que criaturas mas loquis. Finalmente arribamos a Erks, la consabida ciudad donde se encuentran los remanentes cósmicos siderales. Allí, apenas apersonarnos en la ciudad etérica nos comimos una hamburguesa de helio acompañada con lluvia de papas de osmio. Estábamos ya cagados de hambre claramente. El resto de mi tripulación eran unas siete entidades cósmicas más como yo. Pero de ellos no diré ni sus nombres ni nada.. porque que te importa eh? Metete en tus asuntos. Ah re ortiva ese Alanthar. Pero bueno, dejemos de hablar de mí. La cosa es que en Erks cada navegante de Hakor-sul se fue a hacer la suya. Yo, particularmente, me fui a jugar al ping pong con un amigo que es de las Pléyades. Y bueno, si, no hay nada trascendente para contar hoy; la vida de los seres de luz que ya no tenemos que volver a encarnar en un cuerpo físico es así. La pasamos bomba, man. Lo único que hice ese día fue tipo 3 de la mañana salir a hacer circunvoluciones por el aire en forma de esfera de luz. Eso era para que alguien de la ciudad de los terrestres de Capilla del Monte me viera y se les eleve un toque la conciencia. Son bastante cabeza dura los humanos, pero de a poquito van aprendiendo.




Relatos de Alanthar sobre la vida en la Tierra III


Me encontróbeme piloteando (y pelotudeando) mi nave cuando redepente algo llamó mi atención. Era un grupo de terráqueos agarrándose a las ñapis. Se estaban dando para que tengan y para que guarden. Se estaban tirando con de todo. Mientras esto acontecía había un grupo de personas que no hacía nada, solamente miraban. Decidí entonces dejar flotando mi nave entre los cumulonimbus, a unos 10 km de altura sobre el lugar donde se desarrollaba la trifulca. Entonces me teleporté allí donde las habas se cocían. Adopté la forma estándar de los seres de luz cósmicos: un humano alto de cabello rubio, ojos celestes y facciones armoniosas. Una vez apersonado en el lugar de los hechos noté que el sitio donde la piñacera tomaba lugar era un centro de convenciones. Le pregunté a uno de los observadores el por qué de la conducta retrógrada-violenta-simiesca de quienes se trompeaban. Me dijeron que era una batalla entre terraplanistas y humanos “normales” (porque bien sabemos que en realidad están todos medios chapa en el fondo). Yo le conteste al hombre que me explicaba un “Ahhhh, mire usted” y revoleé mis ojos hacia arriba. Volví a mi nave por el consabido método de traslación y rotación de moléculas. A bordo de Hakor-Sul, mi fiel y sintiente vehículo cósmico, tomé una decisión drástica. Con un rayo tractor levanté en vilo a todos los terraboludistas y los alojé en una jaula de aleación con níquel y oro. Estaban sedados igual, como dormidos. Luego hicimos un viaje que duró aproximadamente tres sistemas solares. Y luego con calma y sabiduría deposité a estos pobres humanitos de la tierra plana en un planeta acorde a su nivel de estupidez. Cosa de que se pudieran codear en paz con sus pares. Luego me cambié rápido y fui a buscar a mi compañera que desde hace unos 3000 años está viviendo en las Pléyades. Me queda un poco lejos, pero siempre en el viaje voy hablando con Hakor. Además a mitad de camino venden unos panchos con crema de hidrógeno estelar que ni te cuento.






domingo, 7 de junio de 2020

Encuentro cercano con 3 tipos


Llegamos al Uritorco finalmente. Armamos las carpas y salimos a caminar. Habremos andado durante media hora cuando sucedió algo que cambió para siempre mi vida. Redepronto unas nubes bajas nos rodearon por completo, no se podía ver nada. Empecé a sentirme mareado y perdí el conocimiento. Lo próximo que recuerdo es estar sentado en un lugar extraño, algo me decía que estaba adentro de la montaña. Al frente mío había tres seres muy parecidos, altos con el pelo largo y rubio, de ojos celestes, llevaban un traje sin costuras de color azul. El del medio comenzó a hablar: “Mi nombre es Alanthar, soy uno de los veedores asignados para este planeta de cuarta. Mirá nene, este mensaje después escribilo, compartilo, no sé, hace lo que puedas para que le llegue a la mayor cantidad de gente, vos verás. El tema es el siguiente. Tienen que hacer algo ya, esto está pero como el orto, disculpame la expresión, pero no hay otra forma de decirlo. O sea, ¿hasta cuándo hermano? Se vienen matando desde el paleolítico por motivos tan elevados como quien es dueño de un pedazo de carne. En el neolítico por quien es dueño de un pedazo de tierra y de ahí para adelante porque el otro piensa distinto o algún otro ridículo motivo. Ya estaríamos estando con ese comportamiento che. No te pido que me tengan lista una sociedad utópica de acá a 100 años, pero dejen de matarse por un rato por diooo. ¿Qué carajos les pasa? Hace más o menos 200.000 que existen como especie y siguen en la misma. ¡¿HASTA CUÁNDOOOO?! ¡¿PERO HASTA CUÁNDOOO VAN A SEGUIR ASÍ?! Perdoname, me cuesta contenerme, pero es que este tema ya se me está haciendo pesado. No puede ser che, es una vergüenza esto. Mirá como quedó Marte, palmaron todos, se hicieron pingo entre ellos. Un desperdicio. No hagan lo mismo ustedes, les tenemos fe no sé ni por qué ya. Este tema de la no intervención directa nos pone las cosas muy difíciles. Que más querría yo que agarrar mi nave y materializarme simultáneamente en las 10 capitales más importantes del mundo. Bajarme de ella y decirle a la humanidad: “No están solos en el multiverso, bla bla bla”. Pero no macho, la cosa no es así. Ustedes solitos tienen que encontrar la forma de salir adelante, sino no tiene chiste. Sería como que un padre le haga la tarea a su hijo. No tiene sentido así. Ahora te vamos a devolver a tu plano. Andá nomás y ojalá que algunos te den pelota.”
Más o menos eso fue lo que me dijo el individuo pandimensional ese. Así que ya saben, que se yo, tratemos de no ser tan soretes entre nosotros.






sábado, 21 de marzo de 2020

Carta del profeta Nehuahuanel a los Peloponesos



N: Ha sido de mi anoticiamiento que en las tierras de Samotracia se vienen sucediendo hechos de gran impudicia. Considero en los próximos meses dirigirme hacia allá en burro, mula o ganso.
Creo que es importante ver que está sucediendo con gentes que antes solían ser tan sosegadas como los samotrienses o samotrensiananos, como se les dice en la zona de Iliria oeste.
Así es que te pregunto a ti, Claudio Bolonio, ¿que es lo que realmente está sucediendo por allá?

C: Queridísimo Nehuahuanel, recibo tu carta con un tanto de sorpresa, ya que aún no me has pagado los 37 kilos de ano de lemúr que te hice traer desde el África insular.
Con respecto a lo que está sucediendo en esta ciudad, solo te puedo decir que se está yendo todo al mismísimo sorcho. Al parecer hay varios susodichos que se dedican a pintarrajear figuras obscenas en sitios públicos. Dibujan monstruosos falos, voluptuosas meretrices y rebosantes culos. Esto ha generado que se corra la voz de que nuestra ciudad es un sitio soez y por ello ya no vienen turistas ni mercantes aquí. Lo que como te imaginarás, afecta pésimamente a nuestra economía ya que dependemos del turismo y el comercio para subsistir. Estamos intentando encontrar a la pandilla de dibujantes pedorros hace 8 meses pero no damos pie con bolas.

N: Estimado Claudio, primeramente debo de proclamarte que no te pagué esa mercadería a la que te refieres porque lo que yo te había encargado eran orejas de tordo aliblanco, no anos de lemúr. Así que puedes hacer lo que te plazca con ese material, pero de mi no recibirás un duro por ello.
Ahora bien, con respecto a lo que me narras se me ocurre una posible solución.. Pueden dejar tarros abiertos de pintura en un callejón y escuenderse sobre los techos circundantes con redes en sus manos a la espera de que venga la horda de ilustradores hediondos, atraídos por el material gratis para sus ordinarias obras. Y en cuanto empiecen a dar rienda suelta a su lamentable creatividad, los entrampan con las redes para luego molerlos a patadas y posteriormente arrojarlos a un foso lleno de hienas, cocodrilos y avestruces. Espero tu respuesta para saber si mi consejo le ha sido útil a la tan querida orbe de Samotracia, la ciudad de los mil olores.

C: Noble Nehuahuanel, gracias por aclararme lo relacionado a la mercancía que tenía por tuya. Ya encanuté los anos de lemúr a un ávido comerciante selyúcida. Y con respecto al problema que nos aquejaba.. ¡lo hemos solucionado utilizando tu sabio consejo, alabado seas! Aprehendimos a los maleantes y los golpeamos hasta casi desfallecer. Prácticamente no hizo falta lanzarlos a un foso repleto de alimañas. Ya todo volvió a la normalidad en nuestra amada ciudad. Espero que pronto puedas venir a visitarnos.
N: Virtuoso Claudio, me alegro enpordemás por lo que me cuentas. En un mes estaré llegando allá. Mientras viajo te pido que me consigas un cargamento de pestañas de marmota y otro de codos de mirlo rojo que sabré pagarte en algún momento. Mañana mismo parto con rumbo a Samotracia, la ciudad de las tres cloacas. Estoy preparando mi equipaje y poniendo a punto mi ganso para el periplo.




Maestros



Entre todas las miserias que abundan en este mundo, también hay muchos motivos para estar agradecidos. Uno de ellos es que, a pesar de todo el caos y dolor que tiene que soportar el ser humano, tenemos la dicha de que a través de los siglos hemos recibido la visita de grandes seres. Hombres que eran más que hombres. Verdaderos guías espirituales, portadores de un mensaje de salvación y redención. Personas que no solo enseñaron con la palabra sino también con sus actos. Realizaron hechos inexplicables y prodigiosos, siempre con el mismo objetivo: ayudar a los demás.
Y lo llamativo es que todos ellos (Budha, Mahoma, Jesús, Yogananda, Ananda Moyi Ma, Padre Pío, etc) tenían para darnos el mismo mensaje. Parte de ese mensaje es para que despertemos del sueño en el que vivimos, que nos demos cuenta que esto que vemos no es todo, que hay algo más. Que el verdadero sentido de la vida está en brindarse a los otros en servicio y amor. Nos cuesta entenderlo justamente porque estamos acá en este plano, totalmente absortos y embelesados por el mundo material. Pero tarde o temprano, en esta o en cien encarnaciones más adelante, finalmente nos vamos a dar cuenta. Ahora todo nos pesa, nos cuesta y nos duele. No importa, un día lo vamos a entender: la vida era solo una puesta en escena, un montaje para crecer. Y ese día, irradiando gozo, paz y gratitud, nos diremos a nosotros mismos: “Sí, yo era más grande que la vida”





Los que danzan entre las estrellas


Y un día nos cansamos. Ya no podemos más. Nuestro cuerpo se rinde y deja de funcionar. Es entonces cuando el soplo de vida que nos fue insuflado parte a otra realidad. Por fin se acabaron los esfuerzos para mantener andando ese vehículo de materia que tantos momentos de gozo y dolor nos dió. Ahora somos libres, libres al fin. Vamos a poder descansar por un buen tiempo de los pesares del plano físico. Por fin vemos claramente todo lo que no pudimos ver cuando estábamos atrapados en ese perturbador sueño llamado “vida”. Pero tarde o temprano debemos volver a ella. Bajo una nueva forma que va a experimentar lo necesario para su crecimiento interno. Y así una y otra vez, se repite la rueda del Samsara. Se repite por miles de años. Hasta que un día, después de incontables aprendizajes, logramos la iluminación espiritual. Samadhi, Nirvana, Éxtasis.. se lo ha llamado de muchas formas. Pero su significado es el mismo: hemos pasado la prueba de la existencia terrenal. Es allí cuando el ser humano conoce por primera vez la verdadera paz de su espíritu. Ahora puede descansar, se ha ganado su lugar en la eternidad. Dicen que muchas almas, llegado este punto, deciden desencarnar a voluntad. Es como cuando uno es chico y se entera que ya nunca más tiene que ir al colegio. La felicidad es tan grande, la alegría indescriptible. A veces esos espíritus libres hace poco, desean compartir el gozo con sus hermanos que todavía se encuentran en el plano físico. Radiantes, bajan desde el Paraíso a danzar entre las estrellas. Y a veces los vemos en los cielos: brillantes luces que evolucionan por el firmamento moviéndose de forma sorprendente.
Nosotros acá abajo, tan chiquitos e ignorantes pensamos alarmados: ¿¡Pero qué es eso?! ¡¿Es un ovni?! No, no lo es. Eso que baila en el infinito es alguien que simplemente encontró la felicidad. Su vida es danza, su cuerpo es luz, su sentimiento la dicha, su mayor tesoro es la paz, su más grande deseo es que también seamos libres. Y por eso descienden a nuestra realidad, para intentar despertarnos. “Despierten pequeños humanitos, despierten. No tienen por qué seguir sufriendo. ¡Despierten de una vez, por favor!”





viernes, 27 de septiembre de 2019

Estar acá



Un extraño anhelo nos llena al mirar las estrellas por la noche. No sabemos que hay allá en esos espacios sin fin, en esa bastedad inconmensurable que es el universo... pero tal vez justamente por eso es que al elevar nuestra mirada al cielo nocturno, nos embarga un sentimiento sobrecogedor. Somos apenas unas criaturitas anhelantes que van de acá para allá con sus vidas. Todo nos afecta, desde una tonta discusión que nos pone mal durante el resto del día; hasta el bello gesto de un desconocido que a veces nos ilumina por dentro. Y mientras tanto allá en la eternidad pasan miles de millones de años, las galaxias se trasladan, se forman planetas, otras vidas menos y más avanzadas viven sus propios dramas y alegrías.. Una y otra vez miraré las estrellas y volveré a sentir y pensar: “Qué extraño es todo esto de existir..” 





La vida



Qué extática fascinación produce el hecho de existir. Allí donde posemos la vista hay reinos infinitos que se extienden en una ambrosía de gamas en las cuales se manifiestan. Incontables minerales, inacabables vegetales, sinnúmero de animales, la complejidad se extiende desde los átomos, moléculas, células; la Obra Sacra del Creador nos deslumbra cada día. ¿Se han detenido a ver las nubes alguna vez? El espectáculo de los atardeceres que bañan de oro y paz las almas de los humanos atribulados.. Y este mismo pobre ser anda vagando por la vida llenándose de miseria, preocupaciones y sentimientos mezquinos por buscar toda su vida tener muchos papelitos de colores. Y en medio de su angustia existencial, el humano se pregunta: ¿Pero por qué no puedo hallar la felicidad? ¿Por qué todo es como es? ¿Por qué existo? Yo no pedí nacer...
Y ante ese reclamo no hay respuesta. En un acto de inocencia que denota nuestro pobre desarrollo espiritual como humanidad, le exigimos razones al Eterno Inmanifestado. ¿Por qué existen los asesinos? ¿Por qué hay trata de personas? ¿Por qué ese niño murió de una enfermedad espantosa?
Una hormiga nunca va a poder entender lo que es ser un humano. Y un humano nunca va entender lo que es ser el Hacedor. De todas formas ya la respuesta fue dada hace miles de años...
“¡Tú no estabas ahí, cuando las estrellas cantaban y los ángeles danzaban!”
No, no estábamos al principio de los tiempos cuando Dios modeló la existencia y le dio forma a la realidad. Pero algún día retornaremos a la Eternidad. Y ese día entenderemos. Entenderemos y como lo hicimos hace eones, volveremos a danzar.




Esperanza



Y aunque nunca nos detengamos a pensarlo, existimos. Sí, acá estamos. Flotando a la deriva en un rincón de la eternidad. Ahí danzando entre el gesto de bondad más sublime y colarnos en una fila; entre un acto de amor desinteresado y pasar toda la vida peleados con otro por una estupidez; entre dar hasta lo último que teníamos y ni siquiera responderle al chico que nos pide en la calle; ahí en las contradicciones más fascinantes reside el alma humana. Y siempre estamos pensando... analizando que deberíamos haber dicho, cómo deberíamos haber actuado, qué vamos a hacer mañana, qué le vamos a decir a no sé quien, soñando despiertos todo el tiempo.. No entendemos nada... si alguien nos creó, si somos el resultado de la casualidad cósmica, si tenemos un espíritu, si algún día volveremos a ver a los que ya no están.. Y aún así, sin ninguna certeza, agobiados por nuestras propias complicaciones, abrumados por el peso de la existencia; seguimos intentándolo.
Es que allá en las profundidades del ser se alberga el mayor tesoro que tenemos: la esperanza. Algo en nuestro interior nunca deja de decirnos “La felicidad existe”. Y con sólo ese anhelo nos alcanza para luchar toda una vida.



El sentido



Esta es la historia de unos pobres seres que tomaron conciencia de su existencia. “¿Por qué somos? ¿Cuél es el sentido de nuestras vidas?” era la duda que los carcomía por dentro. Pero nada tenía sentido. Vivían en una esfera que flotaba suspendida en la eternidad. Se morían, sufrían. Nadie podía contestar sus preguntas. Al descubrirse a sí mismos perdidos en el universo que percibían, trataron ellos sólos de encontrar las respuestas. Siempre tenían la sensación de que algo les faltaba pero no podían darse cuenta que era. Y en su búsqueda de resolver ese misterio nunca pararon de hacer todo tipo de cosas. Objetos, sistemas de creencias, arte, imperios, desarrollos científicos, abominaciones, conceptos, estructuras financieras, etc, etc. Pasaban los siglos y el hombre seguía sin hallarse. Incluso cada vez se manifestaba más su lado oscuro. Aumentaban las guerras, el hambre, el caos, la demencia, la desolación... Algunos pocos de una forma muy distinta lograron encontrar la paz tan anhelada. Observaban el derrotero sin fin de la humanidad y sentían pena por sus hermanos. Les trataron de comunicar su hallazgo pero los otros no entendían. Un espantoso sistema tenia esclavizada a toda la humanidad. Estaban demasiado drogados por el poder, estupidizados por la televisión, enceguecidos por el odio, enajenados por el sexo, estaban tristes y perdidos. Realmente no podían entender que la respuesta existencial y el alivio de los dolores de su espíritu radicara en algo tan sencillo: amor y servicio.