martes, 2 de octubre de 2018

Un flagelo del mundo moderno


“Ahora bien, hoy hablaremos de un tema trascendente” anunció el arqueólogo John Waltman. Acto seguido bajó hasta el público y pateó en el rostro a un muchacho que no dejaba de hacer ruido con un envoltorio de alfajor. “Los últimos hallazgos en el valle de Pimpi pueden significar que haya que reescribir e incluso hacer flyers con la historia de la humanidad” continuó mientras se calzaba de nuevo el zapato. “Los habitantes del lugar desarrollaron redes sociales virtuales hace 15.000 años. Todo indica que esto llevó a una pelotudización total de este pueblo. Un glaciar que se movía a 1 metro por mes engulló su ciudad, ya que todos estaban demasiado absortos en la huevada como para hacer algo al respecto. Hoy por hoy, sus huesos nos llaman la atención sobre el ridículo fin que se avecina si no ponemos manos a la torta.” concluyó fervorosamente. Lo aplaudieron algunos nomás. El resto estaba con sus celulares scrolleando, mandando memes, chateando, acallando gemidos pornográficos inesperados o alguna de esas actividades que tanta falta hacen para cumplir con el proposito de nuestras vidas.


-texto escrito desde mi Motoroncha Unplugged Vinyl Edition-  






viernes, 8 de junio de 2018

De aquí y de allá



Es asombrosa la metamorfosis que se ve a medida que uno va yendo para atrás en las fotos de perfil de alguien. En cada instancia anterior hay un afeamiento drástico del individuo. Si tenemos paciencia, podremos llegar hasta cuando esta persona tenía branquias, comía inmundicias y resoplaba en el barro porque su organismo recién se estaba adaptando a la tierra firme

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“Dicen los mitos cosmo-orto-ontopangenésicos que hace eones atrás un semidiós se puso a crear. Pero decidió hacerlo después de empedarse un feriado celestial y ver películas de terror clase B. Él fue quien dio origen a los mosquitos, las babosas, los payasos y todas esas bichas inmundas. Hasta que Dios llegó a conocer esto y le dijo: “Ishwara, ¿que pindorcha has estado haciendo mientras me iba a otro universo porque en este se habían acabado las medialunas?” y luego le cacheteó durante 40 días y 40 noches.”
Crónicas de Todo lo que Es y de lo que Podría Haber Sido, pág 2388

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A veces cuando voy manejando, saco la mano y doy las gracias porque sí, aunque no tenga que agradecerle nada a nadie. El sentido de esta acción, netamente estúpida a simple vista, es generar a los ojos de los demás una realidad con más gratitud, empatía, bondad... Implantar en el inconsciente colectivo la semilla del porotín de la benevolencia. Darle un empujón (o patada) al centésimo mono. Reventar una piñata en la Matrix. Invitar al Anima Mundi a un pelotero.
#thetruthofthemilanese #wearethechange #myhipsdontlie #heroeswithoutcapes #loveistheanswer








Esencial



Las historias trágicas también tienen una gran belleza. Provocan sentimientos muy profundos, de otro tipo. Si un estado de alegría es comparable a un luminoso bosque en primavera; la honda tristeza lo es a un paisaje invernal de noche en las montañas, con las estrellas brillando frías y lejanas. Algo así posee una hermosura diferente... nos hace reflexionar, recordar, anhelar.. Saber que precisamente el sufrimiento es parte fundamental de ser humanos. Porque sufrimos, queremos hallar la paz. Allí yace el propósito de la existencia, una búsqueda que parece inalcanzable. Y eso de una extraña manera no hace peor a la vida, la hace, precisamente, más bella.






La paz de la naturaleza



Llegamos después de estar perdidos 7 horas en las montañas. Muchas veces se escucha en estos casos: “Estuvimos caminando en círculos”. Al revisar los mapas, nosotros vimos que en nuestro derrotero habíamos trazado un Bob Esponja más bien. Pero por fin estábamos en el refugio. Tuvimos que echar primeramente a unas cabras y a un hurón de mirada simpaticona. Al principio probamos sanamente, pero luego nos decantamos por la técnica de las patadas, ya que nos recagábamos de frío. Una vez allí nos dispusimos a hacer una fogata. En nuestro apuro y en la penumbra, todo indica que debemos haber manoteado un cartucho de dinamita entre los leños. De otra forma sería raro explicar porque voló todo en pedazos. A medida que nos fuimos recuperando, decidimos volver a nuestros hogares. No solo porque no queríamos morir de hipotermia, sino porque las cabras decidieron cobrar venganza. Y para ser sinceros nos estaban reventando. Creemos que allí fue cuando Jim murió. Es eso, o la manada de lobos que nos atacó en el valle. Difícil saberlo bien, porque ya estábamos colapsados y en un estado de cuasi demencia colectiva. De todas formas volveremos a esas cumbres, la naturaleza nos llama. Y además puede que Jim siga con vida pero tarado. Se han escuchado reportes de un hombre que comanda un escuadrón de ardillas..




Adiós

“No me siento enamorada” le dijo después de 3 años de estar juntos. Él, sintiendo que un abismo se abría en su interior, pensó “¿Y ahora que hago con todo este amor?. Así comenzó una épica búsqueda de sanación para parchar su alma o algo así. El psicólogo estaba completamente demente. El reiki le daba sueño y por algún extraño motivo, pedos. Al final la gemoterapia era un invento de la industria minera. La acupuntura resultó ser muy buena, pero para su tema del codo de tenista. Las constelaciones familiares resolvieron algún asunto con una abuela adicta a las pastas. Hasta que un día, mucho tiempo después, se despertó y se dijo “Sí, la sigo queriendo..” 







viernes, 2 de febrero de 2018

Alanthar, un ser có(s)mico


Esta es la historia de como llegué a habitar en esa raza irrisoria, esa raza tan tomateada por todos en el Cosmos.. sí, la raza humana. Decidí materializar un cuerpo físico en la zona que llaman desierto del Bobi o Gobi.. algo así. Allí, como todos sabrán, se encuentra en otro plano (y en otro ancho) la Gran Hermandad Blanca. Esperaba pasar un tiempo adaptándome en ese lugar, tal vez ingiriendo comida chatarra y viendo pornografía para irme aclimatando. Cierto día me dejé llevar demasiado por mis actividades masturbatorias y no escuché que alguien se acercaba a mi habitáculo. El Maestro me agarró cacheteando el ganso. Me miró y me dijo “Rajá de acá, payaso intergaláctico”. Me fui dichoso, pues esto era un gran comienzo. ¡Que forma más humana de arrancar mi aventura que decepcionándome a mi mismo y a los que confiaban en mi! Viví entre estos desdichados seres unos cuantos siglos. Va, unos 50 años los pasé en el caribe con un rebaño de ballenas. Pero no gambetiemos de mi punto. Llegué a conocer al hombre. Pude conocer sus propósitos, sus motivaciones, sus anhelos, sus miedos y esa titilante luz eterna que lleva dentro de sí y tanto le cuesta manifestar. Son capaces de los hechos más aberrantes y espantosos así como de los más sublimes y puros. Antes temía por estos bebuchos, pero ahora sé que todas mis estadísticas, mis cálculos zomboidales y mis predicciones horangélicas estaban erradas. Como siempre pasa en esta Creación, la luz triunfará finalmente entre estos -por el momento- ñatos de corazón. Pero ha llegado la hora de irme, he de eyectarme de este cochino mundillo del que me he encariñado tanto. Me pueden encontrar en la galaxia de Órvonton donde me dedicaré a germinar estrellas y ha desintegrar reptilianos.








Imperdible



Atención! Norberto Wisse, antropólogo y campeón provincial de paintball, dará un seminario el próximo miércoles en el estacionamiento de la Facultad de Humanidades. En él se tratarán varios temas que pujan fuerte en el hombre actual (a veces hasta llevarlo a un verdadero inodoro filosófico). Algunos de ellos: “Consecuencias directas de vivir en una pelota que flota en el espacio: el ser humano como pelotudo ontológico”, “¿Alguna vez dejaremos de sufrir? No. Pero hay formas de distraernos de eso, el origami por ejemplo”, “Cuando el lenguaje y la física cuántica se unen: el meme”. Una disertación inigualable. Y para finalizar, el licenciado Wisse nos dará una clase magistral de paintball, enfrentándose en un laberinto inflable a 6 androides que salieron fallados de la fábrica de Toshiba. . 






martes, 19 de diciembre de 2017

Esa chica


Que bellos recuerdos tengo de ti. Como aquella vez que, pese a los carteles, le diste de comer a las gaviotas... Y estuvimos horas luchando con ellas porque no paraban de aparecer y picotearnos. Aún te veo sudorosa, con el pelo revuelto y babeando mientras dabas manotazos y patadas a esos bichos. En tu euforia les revoleaste a un niño asiático que gateaba por ahí. ¡Contigo todo era una aventura! O cuando nos hicimos pasar por los dueños de esa multinacional. Y como los empleados nunca los habían visto, pero tenían miedo de ser echados, estuvimos a cargo durante 18 años. Hasta que las autoridades se dieron cuenta y tuvimos que refugiarnos en una comunidad Hopi para evitar la prisión. Que tiempos aquellos.. comiendo tubérculos y mapaches, fabricando vasijas de pésima calidad y usando requesón de alce como anticonceptivo. Te extraño tanto. A veces manejo con los ojos cerrados un rato para recordar como me sentía a tu lado.. 





De alcantarillas y mutaciones


Tengo la terrible sospecha que ante la combinación de bandejitas con jugo de tripa (árabe) y los pañales de mi vecina, es muy posible que en las profundidades de la tierra, en algún vertedero, se esté gestando una criatura monstruosa. Y que algún día cuando me encuentre lavando los platos aparezca este engendro para asesinarme. Lucharíamos durante horas, hasta que yo pueda alcanzar el lanzallamas que tengo en la mesita de luz. Entre lágrimas esta abominación me diría que sólo quiso tener un padre que lo amara en su niñez monstruosa; cuando volvía a casa después de jugar un pésimo partido de beisbol y sentirse un orto. O cuando Jessica lo rechazó para el baile de graduación. Yo le diría que lo entiendo, pero obviamente lo incineraría igual. Y después fregando el suelo me juraría nunca comer tripa de nuevo, además te la debo el aliento sino.



Ein Sof

Quizás todo esto tenga un sentido. Quizás todas las religiones tienen parte de la verdad. Quizás nuestra alma solo viene un tiempo a aprender y después sigue su camino. Quizás reencarnamos una y otra vez hasta no venir más a este plano. Quizás ahora todo nos parece confuso e injusto porque somos apenas unos diminutos seres con diminutas conciencias. Quizás un Ser que nunca vamos a poder entender ni definir, sabe muy bien por lo que estamos pasando. Y quizás ese Ser ideó todo de manera tan perfecta que, a la noche en todos los mundos, se alzan las estrellas para que las contemplemos embelesados y pensemos: Quizás todo esto tenga un sentido...