sábado, 21 de marzo de 2020

Maestros



Entre todas las miserias que abundan en este mundo, también hay muchos motivos para estar agradecidos. Uno de ellos es que, a pesar de todo el caos y dolor que tiene que soportar el ser humano, tenemos la dicha de que a través de los siglos hemos recibido la visita de grandes seres. Hombres que eran más que hombres. Verdaderos guías espirituales, portadores de un mensaje de salvación y redención. Personas que no solo enseñaron con la palabra sino también con sus actos. Realizaron hechos inexplicables y prodigiosos, siempre con el mismo objetivo: ayudar a los demás.
Y lo llamativo es que todos ellos (Budha, Mahoma, Jesús, Yogananda, Ananda Moyi Ma, Padre Pío, etc) tenían para darnos el mismo mensaje. Parte de ese mensaje es para que despertemos del sueño en el que vivimos, que nos demos cuenta que esto que vemos no es todo, que hay algo más. Que el verdadero sentido de la vida está en brindarse a los otros en servicio y amor. Nos cuesta entenderlo justamente porque estamos acá en este plano, totalmente absortos y embelesados por el mundo material. Pero tarde o temprano, en esta o en cien encarnaciones más adelante, finalmente nos vamos a dar cuenta. Ahora todo nos pesa, nos cuesta y nos duele. No importa, un día lo vamos a entender: la vida era solo una puesta en escena, un montaje para crecer. Y ese día, irradiando gozo, paz y gratitud, nos diremos a nosotros mismos: “Sí, yo era más grande que la vida”





Los que danzan entre las estrellas


Y un día nos cansamos. Ya no podemos más. Nuestro cuerpo se rinde y deja de funcionar. Es entonces cuando el soplo de vida que nos fue insuflado parte a otra realidad. Por fin se acabaron los esfuerzos para mantener andando ese vehículo de materia que tantos momentos de gozo y dolor nos dió. Ahora somos libres, libres al fin. Vamos a poder descansar por un buen tiempo de los pesares del plano físico. Por fin vemos claramente todo lo que no pudimos ver cuando estábamos atrapados en ese perturbador sueño llamado “vida”. Pero tarde o temprano debemos volver a ella. Bajo una nueva forma que va a experimentar lo necesario para su crecimiento interno. Y así una y otra vez, se repite la rueda del Samsara. Se repite por miles de años. Hasta que un día, después de incontables aprendizajes, logramos la iluminación espiritual. Samadhi, Nirvana, Éxtasis.. se lo ha llamado de muchas formas. Pero su significado es el mismo: hemos pasado la prueba de la existencia terrenal. Es allí cuando el ser humano conoce por primera vez la verdadera paz de su espíritu. Ahora puede descansar, se ha ganado su lugar en la eternidad. Dicen que muchas almas, llegado este punto, deciden desencarnar a voluntad. Es como cuando uno es chico y se entera que ya nunca más tiene que ir al colegio. La felicidad es tan grande, la alegría indescriptible. A veces esos espíritus libres hace poco, desean compartir el gozo con sus hermanos que todavía se encuentran en el plano físico. Radiantes, bajan desde el Paraíso a danzar entre las estrellas. Y a veces los vemos en los cielos: brillantes luces que evolucionan por el firmamento moviéndose de forma sorprendente.
Nosotros acá abajo, tan chiquitos e ignorantes pensamos alarmados: ¿¡Pero qué es eso?! ¡¿Es un ovni?! No, no lo es. Eso que baila en el infinito es alguien que simplemente encontró la felicidad. Su vida es danza, su cuerpo es luz, su sentimiento la dicha, su mayor tesoro es la paz, su más grande deseo es que también seamos libres. Y por eso descienden a nuestra realidad, para intentar despertarnos. “Despierten pequeños humanitos, despierten. No tienen por qué seguir sufriendo. ¡Despierten de una vez, por favor!”





viernes, 27 de septiembre de 2019

Estar acá



Un extraño anhelo nos llena al mirar las estrellas por la noche. No sabemos que hay allá en esos espacios sin fin, en esa bastedad inconmensurable que es el universo... pero tal vez justamente por eso es que al elevar nuestra mirada al cielo nocturno, nos embarga un sentimiento sobrecogedor. Somos apenas unas criaturitas anhelantes que van de acá para allá con sus vidas. Todo nos afecta, desde una tonta discusión que nos pone mal durante el resto del día; hasta el bello gesto de un desconocido que a veces nos ilumina por dentro. Y mientras tanto allá en la eternidad pasan miles de millones de años, las galaxias se trasladan, se forman planetas, otras vidas menos y más avanzadas viven sus propios dramas y alegrías.. Una y otra vez miraré las estrellas y volveré a sentir y pensar: “Qué extraño es todo esto de existir..” 





La vida



Qué extática fascinación produce el hecho de existir. Allí donde posemos la vista hay reinos infinitos que se extienden en una ambrosía de gamas en las cuales se manifiestan. Incontables minerales, inacabables vegetales, sinnúmero de animales, la complejidad se extiende desde los átomos, moléculas, células; la Obra Sacra del Creador nos deslumbra cada día. ¿Se han detenido a ver las nubes alguna vez? El espectáculo de los atardeceres que bañan de oro y paz las almas de los humanos atribulados.. Y este mismo pobre ser anda vagando por la vida llenándose de miseria, preocupaciones y sentimientos mezquinos por buscar toda su vida tener muchos papelitos de colores. Y en medio de su angustia existencial, el humano se pregunta: ¿Pero por qué no puedo hallar la felicidad? ¿Por qué todo es como es? ¿Por qué existo? Yo no pedí nacer...
Y ante ese reclamo no hay respuesta. En un acto de inocencia que denota nuestro pobre desarrollo espiritual como humanidad, le exigimos razones al Eterno Inmanifestado. ¿Por qué existen los asesinos? ¿Por qué hay trata de personas? ¿Por qué ese niño murió de una enfermedad espantosa?
Una hormiga nunca va a poder entender lo que es ser un humano. Y un humano nunca va entender lo que es ser el Hacedor. De todas formas ya la respuesta fue dada hace miles de años...
“¡Tú no estabas ahí, cuando las estrellas cantaban y los ángeles danzaban!”
No, no estábamos al principio de los tiempos cuando Dios modeló la existencia y le dio forma a la realidad. Pero algún día retornaremos a la Eternidad. Y ese día entenderemos. Entenderemos y como lo hicimos hace eones, volveremos a danzar.




Esperanza



Y aunque nunca nos detengamos a pensarlo, existimos. Sí, acá estamos. Flotando a la deriva en un rincón de la eternidad. Ahí danzando entre el gesto de bondad más sublime y colarnos en una fila; entre un acto de amor desinteresado y pasar toda la vida peleados con otro por una estupidez; entre dar hasta lo último que teníamos y ni siquiera responderle al chico que nos pide en la calle; ahí en las contradicciones más fascinantes reside el alma humana. Y siempre estamos pensando... analizando que deberíamos haber dicho, cómo deberíamos haber actuado, qué vamos a hacer mañana, qué le vamos a decir a no sé quien, soñando despiertos todo el tiempo.. No entendemos nada... si alguien nos creó, si somos el resultado de la casualidad cósmica, si tenemos un espíritu, si algún día volveremos a ver a los que ya no están.. Y aún así, sin ninguna certeza, agobiados por nuestras propias complicaciones, abrumados por el peso de la existencia; seguimos intentándolo.
Es que allá en las profundidades del ser se alberga el mayor tesoro que tenemos: la esperanza. Algo en nuestro interior nunca deja de decirnos “La felicidad existe”. Y con sólo ese anhelo nos alcanza para luchar toda una vida.



El sentido



Esta es la historia de unos pobres seres que tomaron conciencia de su existencia. “¿Por qué somos? ¿Cuél es el sentido de nuestras vidas?” era la duda que los carcomía por dentro. Pero nada tenía sentido. Vivían en una esfera que flotaba suspendida en la eternidad. Se morían, sufrían. Nadie podía contestar sus preguntas. Al descubrirse a sí mismos perdidos en el universo que percibían, trataron ellos sólos de encontrar las respuestas. Siempre tenían la sensación de que algo les faltaba pero no podían darse cuenta que era. Y en su búsqueda de resolver ese misterio nunca pararon de hacer todo tipo de cosas. Objetos, sistemas de creencias, arte, imperios, desarrollos científicos, abominaciones, conceptos, estructuras financieras, etc, etc. Pasaban los siglos y el hombre seguía sin hallarse. Incluso cada vez se manifestaba más su lado oscuro. Aumentaban las guerras, el hambre, el caos, la demencia, la desolación... Algunos pocos de una forma muy distinta lograron encontrar la paz tan anhelada. Observaban el derrotero sin fin de la humanidad y sentían pena por sus hermanos. Les trataron de comunicar su hallazgo pero los otros no entendían. Un espantoso sistema tenia esclavizada a toda la humanidad. Estaban demasiado drogados por el poder, estupidizados por la televisión, enceguecidos por el odio, enajenados por el sexo, estaban tristes y perdidos. Realmente no podían entender que la respuesta existencial y el alivio de los dolores de su espíritu radicara en algo tan sencillo: amor y servicio.





martes, 11 de diciembre de 2018

Humanos

Es parte de estar vivos. En el exterior vivimos agitados y atareados. Yendo de acá para allá, sobreestimulados por todo lo que nos rodea. Pero tarde o temprano llega algún momento de introspección. Y allá en el fondo de nuestro ser siempre está esa tristeza. A veces le podemos poner nombre y es el resultado de no tener a alguien que queríamos o de estar peleados con un amigo, etc. Pero generalmente es sólo eso, un hondo dolor que simplemente está, un vacío que nunca podemos llenar independientemente de todo. Es que sí, duele un poco existir. No se puede hacer nada con eso. Así que siempre nos limpiamos las lágrimas, nos acordamos de todas las cosas lindas que tiene vivir y seguimos adelante. Y eso, nos hace a todos hermanos de alguna forma..



martes, 2 de octubre de 2018

Crónicas de Hillel, profeta apócrifo y pastor de conejos


“Entonces dio a acontecer que en tiempos del bicicletero Robolam, que los Naplitas empezaron a incursionar en nuestras tierras y tuvimos que revolearles todo lo que teníamos a mano. No quedó ojota ni chancleta sin ser catapultada. Esa fue la batalla que algunos llamaron “De los Chirlos”. Finalmente los alejamos a los desiertos de Zulm, donde abundan camellos salvajes y libidinosos. Allí fueron hechos pingo te diría. Tuvimos gran sosiego y pudimos dedicarnos a las ridiculeces de siempre. Eso fue hasta que colapsó nuestro pozo de agua (porque también la usábamos de cloaca). Marchamos, pues, durante 35 días y 23 noches; porque muchas veces no dormíamos por el miedo a que los grillos o las hormigas nos tendieran una emboscada. Finalmente llegamos a tierras fértiles. Hemos hallado a un animal sin igual que cambiará nuestra historia.. la gente de aquí lo llama “gallina” y lanza alimento hasta de su ano. Realmente somos un pueblo bendecido..”






Receta casera



Les cuento con alegría que volví a cocinar. Voy a estar vendiendo mis famosas mermeladas de cerdo en la sala de máquinas de la Facultad de Humanidades, entre el generador principal y el dispenser de agua más fea que la de la canilla, algunos opinan que sabe a culo. También me pueden encontrar en los túneles infestados de goblins que se extienden por endebajo del Museo Genaro Pérez. Cabe aclarar que mis mermeladas son hechas a partir de chanchos que dieron su pleno consentimiento para ello. En el proceso no fueron maltratados, tal vez a veces, un poco manoseados para asco de ambas partes. Todos ellos son cochinillos que hacen esto para obtener ingresos y con suerte triunfar como individues para el día de mañana olvidarse de sus principios y cagar a todo el que esté abajo en la pirámide social. Así que colabore o no, usted estará haciendo un aporte a este mundo. Todo muy contradictorio, lo sé, pero así son las cosas hoy.



Un flagelo del mundo moderno


“Ahora bien, hoy hablaremos de un tema trascendente” anunció el arqueólogo John Waltman. Acto seguido bajó hasta el público y pateó en el rostro a un muchacho que no dejaba de hacer ruido con un envoltorio de alfajor. “Los últimos hallazgos en el valle de Pimpi pueden significar que haya que reescribir e incluso hacer flyers con la historia de la humanidad” continuó mientras se calzaba de nuevo el zapato. “Los habitantes del lugar desarrollaron redes sociales virtuales hace 15.000 años. Todo indica que esto llevó a una pelotudización total de este pueblo. Un glaciar que se movía a 1 metro por mes engulló su ciudad, ya que todos estaban demasiado absortos en la huevada como para hacer algo al respecto. Hoy por hoy, sus huesos nos llaman la atención sobre el ridículo fin que se avecina si no ponemos manos a la torta.” concluyó fervorosamente. Lo aplaudieron algunos nomás. El resto estaba con sus celulares scrolleando, mandando memes, chateando, acallando gemidos pornográficos inesperados o alguna de esas actividades que tanta falta hacen para cumplir con el proposito de nuestras vidas.


-texto escrito desde mi Motoroncha Unplugged Vinyl Edition-