Leonardo
Da Vinci entrando a un bulo en Venecia piensa: “Me gasté todo en
vino patero. Vamos a ver como zafo esta vez”
7
horas después (tenía mucho aguante):
Leonardo
– Ayyy, no te puedo creer. ¡Me dejé los florines en casa!
Lisa
– Mirá, no quiero tener que llamar a Francesco. De alguna forma me
vas a tener que pagar.
Leonardo
– Eso que está allá son óleos, pinceles y un lienzo ¿no?
Lisa
– Sí, se los dejó un cliente.
496
años después, un guía, en el Museo del Louvre: He aquí la Mona
Lisa. Esta dama misteriosa sin duda pertenecía a la nobleza
italiana. La obra en sí debe haberle tomado a su autor un arduo
trabajo de meses. Es sin duda el producto de un hondo trabajo
introspectivo.

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