miércoles, 5 de marzo de 2014

Como tantos otros


Leonardo Da Vinci entrando a un bulo en Venecia piensa: “Me gasté todo en vino patero. Vamos a ver como zafo esta vez”

7 horas después (tenía mucho aguante):

Leonardo – Ayyy, no te puedo creer. ¡Me dejé los florines en casa!

Lisa – Mirá, no quiero tener que llamar a Francesco. De alguna forma me vas a tener que pagar.

Leonardo – Eso que está allá son óleos, pinceles y un lienzo ¿no?

Lisa – Sí, se los dejó un cliente.


496 años después, un guía, en el Museo del Louvre: He aquí la Mona Lisa. Esta dama misteriosa sin duda pertenecía a la nobleza italiana. La obra en sí debe haberle tomado a su autor un arduo trabajo de meses. Es sin duda el producto de un hondo trabajo introspectivo.



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