martes, 4 de marzo de 2014

Excelsis

El mozo estaba teniendo un día largo. Le habían puesto demasiadas cosas en la bandeja. Se distrajo un segundo y se tropezó. Se le fue a la mierda la bandeja, tirándole café con leche a un nene, medialunas a una señora gorda que intentaba comerlas en el aire, azúcar a todos y un capuchino que hizo un charco con la forma de dos gaviotas ofendidas (?). Pero mientras el mozo refalaba -con f- aprovechó la inercia de la caída y todos los deseos reprimidos de ser bailarín artístico afloraron en ese momento. Así empezó su danza, saltando entre las mesas y tirando todo lo que había a su alrededor. Ni hablemos de como lo puteaban los clientes. Pero para el sólo había un éxtasis ininterrumpido de giros, piruetas y demás términos que desconozco asociados a la danza. Una de las personas se animó y le tiró con una taza, a ver si paraba el muy tarado. Pero por una vez en la vida este buen mozo se sentía en la total plenitud de su ser. ¿Lo iba a parar una taza arrojada con mucha puntería? No señor. Estállole la taza en la cabeza, impórtole un huevo al danzarín.

final a) cesado el torbellino de ritmo y alegría, el mozo pidió disculpas. El dueño del bar le dijo: Ah, que lindo que bailás. ¿Por qué no te vas a bailar a [inserte aquí insultos que involucren a la madre del otro]? Y lo echó.

final b) de repente en un haz de luz el mozo desapareció. Pues claro, habiéndose realizados todos los anhelos de su ser, ya nada tenía que hacer en este mundo de gente con cara de “me meó un zorrino en la frente”.


final c) toda la gente del bar se puso de pie. Empezaron a bailar sincronizados. ¡Y de repente estamos en uno de esos musicales delirantes, secantes y super llenos de energía! Donde hasta el más gordo se mueve como Michael Jackson después de haberse tomado 5 litros de red bull.







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