Hay
veces en nuestra vida que desayunamos dolor, almorzamos tristeza y cenamos sufrimiento. Allí
es cuando nos dan ganas de ovillarnos como un bicho bolita y con un
ruido de ¡plop! dejar de existir. Pero eso no va a pasar. Y
seguramente de vez en cuando vamos a clamar a la Existencia: ¡¿Por
qué?! ¡¿Por que las cosas tienen que ser así?!. Hasta que llegue
el día en que nos cansemos de chapotear en nuestras lágrimas.
Porque esa es la única opción. La vida va a seguir. Y nosotros con
ella. Mientras antes nos demos cuenta, mejor. Entonces dejaremos de
sentirnos como un cucurucho que cayó al piso. Hay algo en el hombre
que siempre lo impulsa a salir adelante. Ya sea voluntad, esperanza o
una hamburguesa con papas fritas. En distintas situaciones y a lo
largo de la historia sabemos de personas que salieron adelante
después de las vivencias más horribles y dolorosas que se puedan
imaginar. Así que usted, que se siente como un cucurucho que se cayó
al piso, también puede hacerlo. Ya que eventualmente va a salir de
esta situación ¿por qué no empezar ya?. De acá a un tiempo va a
asombrarse de haber estado sufriendo. Y parado en la cima de una
montaña (bien cinematográfica la escena) va a celebrar el estado de
plenitud de su ser. Exultante y lleno de vida, como un unicornio
durante un paro de colectivos, danzará de felicidad. Tal vez se
resbale, no le voy a mentir. Pero está en una montaña, nadie lo vió
no se haga drama. Y ahora a esa misma Existencia (que antes le
reclamaba como un niño chillón) le dirá: “Gracias por darme la
oportunidad de vivir”



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