lunes, 10 de marzo de 2014

Sufrirem bobus est


Hay veces en nuestra vida que desayunamos dolor, almorzamos tristeza y cenamos sufrimiento. Allí es cuando nos dan ganas de ovillarnos como un bicho bolita y con un ruido de ¡plop! dejar de existir. Pero eso no va a pasar. Y seguramente de vez en cuando vamos a clamar a la Existencia: ¡¿Por qué?! ¡¿Por que las cosas tienen que ser así?!. Hasta que llegue el día en que nos cansemos de chapotear en nuestras lágrimas. Porque esa es la única opción. La vida va a seguir. Y nosotros con ella. Mientras antes nos demos cuenta, mejor. Entonces dejaremos de sentirnos como un cucurucho que cayó al piso. Hay algo en el hombre que siempre lo impulsa a salir adelante. Ya sea voluntad, esperanza o una hamburguesa con papas fritas. En distintas situaciones y a lo largo de la historia sabemos de personas que salieron adelante después de las vivencias más horribles y dolorosas que se puedan imaginar. Así que usted, que se siente como un cucurucho que se cayó al piso, también puede hacerlo. Ya que eventualmente va a salir de esta situación ¿por qué no empezar ya?. De acá a un tiempo va a asombrarse de haber estado sufriendo. Y parado en la cima de una montaña (bien cinematográfica la escena) va a celebrar el estado de plenitud de su ser. Exultante y lleno de vida, como un unicornio durante un paro de colectivos, danzará de felicidad. Tal vez se resbale, no le voy a mentir. Pero está en una montaña, nadie lo vió no se haga drama. Y ahora a esa misma Existencia (que antes le reclamaba como un niño chillón) le dirá: “Gracias por darme la oportunidad de vivir”












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