- No, esperá. Dejá la sal sobre la mesa. No me la des en la mano.
(al
rato)
- No
brindes con agua! Servite otra cosa.
(más
tarde)
- Se
está demorando Mario. ¿Y si chocó? ¡Ay, no. Toco madera!
Y
en ese momento un marcador en la pared señaló el número 1000. Era
la cantidad de pelotudeces supersticiosas que había dicho la familia
Barrúa.
Un
comando de la división de Sentido Común reventó la puerta a
patadas. Entraron en la casa y cagaron a trompadas a toda la familia.
Era la tercera vez en el año. ¡E iban por muchas más!
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