Seguramente
ustedes se han preguntado alguna vez por que las polillas se chocan
contra los foquitos de luz hasta morir. Un comportamiento idiota sin
duda. Pero más nos debería asombrar por que el foquito soporta algo
así. Ser golpeado innumerables veces por cada polilla que anda dando
vueltas, día tras día. ¿Alguna vez alguien se puso a pensar lo que
siente ese foquito? No lo creo. Todos se llenan la boca hablando de
las polillas. ¿Y el foquito qué? ¿Acaso no siente, no sueña, no
anhela tener una vida plena hasta ser reventado de un pelotazo o
quemarse en una baja de tensión? Recientemente me senté a hablar
con uno. Le saqué el tema en cuestión. Me miró con los ojos llenos
de lágrimas y las palabras se le atragantaron en la garganta. Lo
abracé y sin darme cuenta lo hice explotar. Sintiéndome un idiota y
un asesino a la vez, dije en voz baja: “Después de todo la vida de
un foquito es tan efímera...”. Me distrajo alguien de la mesa de
al lado que dijo: “Mirá al boludo aquel, le está hablando a un
foquito de luz”. Insensibles, pensé, me monté en mi pegaso
multicolor y salí volando de allí.

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