jueves, 12 de junio de 2014

El fin de la eternidad


Cuando el último muñeco silbador de Mickey sea arrojado a la basura, dice la profecía que despertará Walt Disney. En chancletas y con muchísimas ganas de mear. Después de ponerse al tanto de como viene la mano con el mundo, se tomará un té con leche. Y luego liberará a la humanidad. La batalla será en el desierto de Gobi. Allí citará al verdadero enemigo del hombre para combatir en un duelo abrumadoramente épico. Luego de esperar durante días en silencio y comiendo tubérculos, Walt verá aparecer a la encarnación del mal en la tierra. Ronald McDonald. Entonces Walt se revelará como realmente es. Un ser divino enviado para la redención del ser humano. Su mirada será la del sol. Ante su voz temblará la tierra y se partirán las piedras. Su olor será a Polo Blue de Ralph Lauren. Ronald se arrepentirá por cada Big Mac vendida. Pero ya será demasiado tarde. Lucharán durante 10 días (ponele) hasta que Walt de un golpe triunfal decapitará al payaso gastronómico. Y habrá jolgorio, alegría, dicha y comida con bajo colesterol en el mundo. Con la caída de la columna central del capitalismo, la humanidad comenzará una era utópica de paz, abundancia y hermandad. Regresará el Principito entre nosotros y para celebrar el triunfo del bien ejecutará la obertura 115 de Massenet para flautín, charango y guitarra eléctrica.





Aurea Aetas


Al contrario de lo que se piensa, la gente de la Antigüedad se aburría bastante. Estaba muy al pedo por así decir. Muchos piensan estúpidamente: “No tenían, cine, deportes, libros, computadoras, etc” Pues no, claro que no. No tenían nada de eso. Y tampoco tenían máquinas del tiempo para venir al presente y hacer la comparación de todo lo que no tenían. En fin... Podríamos pensar: “Entonces estaban al tope de su asombro con un hacha de sílex como nosotros lo estamos con un smartphone. Lo cierto es que no. A ver: ¿qué tantas cosas podés hacer con un hacha de sílex? Si, muy pocas. Tres como mucho. Lo más interesante que podía pasar en ese entonces era que un árbol cayera encima de un ciervo o algo así. Y a partir de este alpedismo exacerbado se creo el Gran Consejo de Sabios que no Tienen Nada que Hacer. Así fue como un día en una de las reuniones (se juntaban todos los días, obvio, si estaban al re pedo) Caitir habló con palabras que asombraron a todos. Lo que proponía era una transgresión al alpedismo establecido. Su idea era esculpir piedras gigantescas, trasladarlas cientos de kilómetros y disponerlas en círculos concéntricos. Todo esto, está claro, sin otro motivo que la sobreabundancia de tiempo libre. El discurso de Caitir fue este: “Pensémoslo bien. Puede que la humanidad nunca esté tan al pedo como lo estamos ahora. Los tiempos corren veloces. Todos sabemos que algún tarado inventó la rueda hace poco en Medio Oriente. Antes que nos demos cuenta el hombre va a estar ocupado haciendo cosas necesarias - Ante esas palabras los otros sabios se horrorizaron. Algunos se cubrieron el rostro y un par le tiraron palos y piedritas - Tenemos que aprovechar este momento. Y entonces las generaciones futuras al contemplar nuestra obra podrán decir “¡Qué increíble! ¿Acaso no tenían nada mejor que hacer estas pobres gentes?” No, no tenemos nada mejor que hacer. Tú Ciorstan, sé que has estado intentando contar las estrellas desde hace tres años. Dolag se fue de la aldea tratando de encontrar el lugar de donde viene el viento. Eamuc ya le puso nombre al árbol número 5.207 y piensa seguir con esta tarea. Creo que he sido bastante claro. Sólo espero que lo entiendan” Inspirados por tan sabias palabras, pusieron manos a la obra. Y en un acto de alpedismo monumental construyeron lo que hoy llamamos Stonehenge. Pero estas simpáticas gentes del Neolítico nunca iban a saber que años antes y en tierras distantes se había llevado a cabo un proyecto más ambicioso aún. Impulsados por la vacuidad del desierto fue traída a la existencia la ópera magna del alpedismo en la Tierra: Las pirámides de Egipto. 




miércoles, 14 de mayo de 2014

Expedición hacia el continente Hiperbóreo


Hace mucho tiempo y vaya a saber dónde, sucedió esto... Kouros moraba en un valle cerca de las montañas. Tenía un amigo que no veía hace tiempo. Se llamaba Aram. Kouros vivía muy ocupado trabajando la tierra. Un día pasó por su hogar uno de los hijos de su querido amigo. Aprovechó la oportunidad y le pidió al niño que le llevara una carta a su padre. En ella le decía que lo apreciaba mucho y lo invitaba a que se reunieran pronto. Pasaron los días y Aram no tuvo respuesta alguna. “Ya va a contestarme” se decía. Las semanas se sucedieron y ninguna carta llegaba a sus manos. “Seguramente Aram tiene asuntos que atender, pero sé que pronto sabré de él”. Meses pasaban uno tras otro y no había ninguna novedad. “Realmente me molesta que Aram se comporte así. Creí que valoraba nuestra amistad. Cuando reciba su respuesta voy a aclararle que ha obrado mal. Me siento ofendido”. Y ya ahí comenzó a tener un extraño tic en su ojo. Cuando un año y algo más había transcurrido desde que Kouros mandara su carta, se desató su ira. “¡Éramos amigos desde niños y me ignora de esta forma!” decía él, y en su interior crecía el odio. “¡Tantas veces ayudé a este imbécil y ahora me paga insultándome!” decía él, y en su interior crecía el odio. “Le brindé mi confianza, mi respeto, mi afecto y ahora decide repudiar mi ser” decía él, y en su interior crecía el odio. Entonces rebosante de furia, Kouros se dirigió a su forja. No durmió en toda la noche y con el hierro del arado hizo una espada (le salió un poco deforme igual). Mientras se marchaba de sus tierras mató a sus propios animales. Y puso esmero en matar a ese maldito pato que cagaba por todos lados. Su familia trató de frenarlo, pero este pobre hombre ya galopaba en el corcel desbocado de la cólera más negra. Vagó por los páramos sin rumbo, atacando y asesinando ser viviente que se le cruzara. En su demencia mató al líder de una banda de mercenarios y ladrones. Estos comenzaron a seguirle, imitando a su nuevo cabecilla, masacrando a diestra y siniestra. Pronto Kouros lideraba un ejército. Y allí por donde iba acribillaba humanos, animales y plantas sin piedad. En cierta ocasión se obsesionó con un roble. Estuvo tres días golpeándolo con su espada hasta que sus hombres pudieron pararlo. Su poder siguió creciendo alimentado por el odio. Arrasó ciudades, destruyó familias, perpetró genocidios e inclusive apuñaló a un rebaño entero de ponis él mismo. Masacró una nación tras otra, sembrando el sufrimiento y el dolor hasta tierras distantes. Creó un imperio de violencia y terror, dónde se llevaban a cabo los actos más espantosos y sanguinarios. Una vez al mes se sacrificaba un elefante, arrojándolo desde un acantilado de manera que estallara estrepitósamente. Luego Kouros se bañaba en la sangre del animal muerto y con sus puños desnudos se enfrentaba a un tigre. Siempre salía victorioso por la vehemencia que le proporcionaba su estado de enajenación. Y para finalizar decapitaba a 100 prisioneros de un solo golpe. Cierto día uno de sus soldados le trajo cautivo al hijo de Aram. Kouros le habló diciendo: “¡Todo lo que tenía que hacer tu padre era responderme! ¡Habíamos sido amigos toda la vida! ¡¿Por que tuvo que herirme así?! ¡¿Por queeeeeeeeeeé!? Y balbuceando el muchacho le dijo: “Ese día había comido muchos arándanos. Me descompuse y usé la carta para limpiarme. Llegué a casa y me puse a perseguir liebres. Olvidé decirle a mi padre sobre la invitación...” Entonces Kouros abandonado a la desolación, salió corriendo. Corrió hasta que se rasgaron sus vestiduras. Finalmente se encontró entre las cimas de las montañas. Y allí entre alaridos se arrojó al abismo.

Pues ya ve, querido lector: Cuánto puede perjudicarnos pensar de más. Suponer que las cosas son de tal o cual modo sin realmente saberlo y obrar en consecuencia, es una gran idiotez. ¡No piense al pedo y viva plenamente!








lunes, 12 de mayo de 2014

Olímpicamente


Andrómaco pasaba sus días como el último sobreviviente de una tragedia griega. Pues lo era. Vivía feliz con su familia en la costa del mar Egeo. Aquel día Poseidón venía canchereando, se resbaló de uno de sus delfines y cayó sobre su hogar, aplastando la construcción y matando a todos menos a él. El dios se disculpó y le dejo un pulpo como indemnisación. “¿Qué sentido tiene que yo siga con vida? Pues el peor destino para el hombre es estar siempre solo”. Así pensaba Andrómaco mientras el pulpo se frotaba amistosamente contra su pierna. Esa misma noche mientras cenaba pulpo, Andrómaco decidió que ya que los dioses habían decidido que su vida fuera una tragedia, iba a representarla de la mejor forma. Así que nuestro pobre héroe viajaba de pueblo en pueblo brindándole tristeza a la gente. “Pero este tipo era un malviviente, un truhán, un pelonio, un paparruchas, un cogorno, un mamorro” pensarán ustedes. Pues no. El era un verdadero infeliz. Y se encargaba de mostrarle a todos que debían estar felices con su situación, pues en comparación no había peor que la de Andrómaco. Allí donde había un lisiado, después de haber visto el rostro desfigurado por el dolor de nuestro héroe, había un lisiado feliz de vivir. Y así fue como hizo felices a miles de personas. Cuando la gente lo veía llegar, gritaba: “¡Ahí viene el infeliz de Andrómaco, alegrémosnos pues no hay desdicha mas grande que la suya!”. Ayudando a las personas fue que él se volvió un hombre dichoso. Formó una familia y construyó su casa en las orillas del mar, en la isla de Paxos. Pero un día Poseidón venía haciendo wheelie en una manta raya y se repatingó. Cayó al lado de la casa, destruyendo el huerto, los corrales, matando dos burros y a todo el rebaño de ovejas. El dios les ofreció una morsa y dos estrellas de mar en compensación. Andrómaco le dijo que se metiera su criaturas marinas por el orto. No necesitaba nada más que su familia, que estaba a salvo. Pues verán, hay justicia en los dioses y tarde o temprano obtenemos lo que nos merecemos.




 

domingo, 11 de mayo de 2014

El Águila y la ardilla


Es sabido que el Imperio Romano no logró someter y dominar Germania. Al ver que los intentos en ocupar esa región eran demasiado costosos en vidas y dinero, el emperador Augusto desisitió. Pero hay ciertos detalles poco conocidos de como fue que realmente sucedió esto. El gran problema fueron los “comandos ardilla” (“Eichhörnchen Trupp” en alto germano). Las legiones romanas se toparon con una fuerza especializada de combatientes que les provocaron terribles inconvenientes. Se trataba de guerreros que utilizaban como única protección la piel trasquilada de una ardilla sobre su cabeza. Quintilio Varo nos narra en sus anotaciones “... y de improviso ante nuestros incrédulos ojos, salió de entre los árboles una turba de hombres. En pelotas y a los gritos. Por alguna extraña y ridícula razón llevaban en su cabeza una ardilla. Entre la sorpresa y el desconcierto demoramos en preparar nuestra formación. Nos acribillaron”. En otro campamento romano el único sobreviviente de una cohorte, relató a su centurión: “Me encontraba haciendo guardia. En cierto momento me percaté que había un germano espiándome con una ardilla por sombrero. Movía su cabeza de tal manera que pareciese que la ardilla estaba viva. Yo pensé: 'Este hombre no puede ser tan imbécil de creer que no veo que unida a esa ardilla hay un germano de 1,80 de estatura'. Lo cierto es que mientras debatía en mi mente sobre la increíble idiotez que estaba viendo, el hombre se avalanzó y traspasó mi muslo con una lanza”. Después de meses en los fríos bosques de Germania y con las matanzas que se producían a diario, los legionarios no resistireron más. Muchos de ellos se despertaban gritando en medio de la noche por haber soñado con ardillas . Llegó un punto que incluso el avistamiento de uno de estos pequeños animales era la causa de ataques de pánico, delirium trémens y diarrea. Puesto que esos bosques septentrionales están densamente poblados por estos roedores masticadores de bellotas, se volvió un infierno para las legiones romanas permanecer allí. Y cuando las últimas filas del ejército romano cruzaban la frontera de Germania, desde los bosques arrojaban ardillas (vivas) entre sus filas, mientras les gritaban "¡Drückeberger, drückeberger!" (¡Cagones, cagones!)





viernes, 9 de mayo de 2014

Siempre distante


Para el ser humano el éxito es uno de los acontecimientos más gratificantes en la vida. Todos soñamos, anhelamos y buscamos lograr algo en particular. Algo que por razones que desconocemos significa tanto para nosotros. Cada vez que pensamos en eso nos brillan los ojos y se ilumina nuestro ser con la esperanza de que un día vamos a llegar ahí donde queremos. Entonces un día sucede. Vemos nacer a nuestro primer hijo, contemplamos el paisaje desde la cima de la montaña, el público se pone de pie para aplaudir nuestra obra, nos atiende el teléfono nuestro amigo con el que estábamos peleados desde hace años, vendemos la franquicia número 20, finalmente conocemos a nuestro padre... Y sentimos que nos llena la gloria, vibrante y avasalladora. Dentro nuestro bandadas de angelitos culones bailan entre las nubes, el taxista y el chofer de colectivo se chocan los cinco, delfines sonrisudos saltan entre las olas, un brasilero baila capoeira, trompetas doradas suenan a coro, caballos salvajes galopan por una pradera y escuchamos a un japonés que toca la 9na de Beethoven con un sintetizador. Nos llena la euforia del éxtasis y nuestro ser desborda de felicidad. Aunque a veces dudáramos de que iba a pasar, ahí estamos parpadeando ante la luz de la victoria. Pero en poco tiempo la mente nos hace sentir gradualmente insatisfechos y nos esclaviza a fijarnos nuevas metas. Metas que nos transforman nuevamente en seres incompletos e infelices a menos que las llevemos a cabo. No obstante por unos momentos nos sentimos en plenitud por haber alcanzado eso que tanto queríamos. Y es entonces cuando el hombre, como en contadas ocasiones en su vida, conoce la paz.








La clepsidra emocional


•Pregunta: ¿Y... te gusta?

Pensamiento: Pero que poronga. No lo voy a usar en la puta vida.
Respuesta: ¡Qué lindo! ¡Tenía pensado comprarme uno!

•Pregunta: ¿Tenés cambio de 100?

Pensamiento: Es un kiosco esto. Tengo cambio. Lo que no tengo son ganas de que me lo lleven comprando boludeces.
Respuesta: Si si, no te hagas drama.

•Pregunta: ¿Qué tal está la chocotortaaaa?

Pensamiento: Ojalá tuviera algo cerca para escupir esto. ¿Cómo puede ser que le salga siempre tan hedionda?
Respuesta: ¡Riquísima!

•Pregunta: ¿Con lluvia de papas?

Pensamiento: No hijo de puta, si vine a pancho y papas para comer tallarines con tuco.
Respuesta: Si, gracias.

Si en esta vida todos dijéramos lo primero que se nos viene a la cabeza, se iría todo a la mierda. No al homicidio hablado (sincericidio). Antes de decir algo; pasemos nuestras palabras por huevo, pan rallado y le brindemos a nuestro interlocutor una milanesa verbal fácil de digerir.



lunes, 21 de abril de 2014

Yo sólo...





Todo este tiempo juntos... y ahora te perdí. ¿Cómo iba a saber que un día, sin aviso, te iban a arrancar de mi lado? Yo creía... yo pensaba que te iba a tener siempre junto a mi. Eras mi sábana preferida. Y te usaron para tapar a esta mina muerta. No sé ni quien puta es. ¡Ay Dios! ¡¿Lavar, lavar?! ¡¿Mirá si después de esto te voy a lavar?! Jacinta, mi sábana más querida, voy a tener que quemarte. ¿Te acordás cuando te usaba de capa para jugar a Batman? ¿Cuándo hacíamos de fantasma para asustar a los hijos del vecino? ¿Cuando te mojaba y eras mi látigo para pegarle chirlos a las chicas en los vestidores del club? Apenas me enteré vine corriendo al cementerio como estaba: en pelotas. Mi mujer siempre me decía: “No dejes en el tendedero a Jacinta por la noche, te la van a afanar”. No le di bola. Y me la chichinearon. ¡Perdón Jacinta no va a haber ninguna colcha, manta o frazada que te reemplace! Me cagaré de frío durmiendo destapado. O capaz que duerma con ropa. ¡Adiós Jacinta! Y perdón por todos los mocos pegados...

Planeta en rotación


El Pacto de los Avestruces. Se dice que fue llevado a cabo en 1784 por los miembros de una orden secreta. Hay quienes aseguran que distintos líderes mundiales en la actualidad pertenecen a esa orden. Los rumores estallaron cuando el presidente Nixon fue encontrado paseando un avestruz por Central Park. A las innumerables preguntas de los periodistas, el se limitó a responder: “Ya me cagó todo el departamento, lo saqué a tomar un poco de aire”. Existen grabaciones del asesinato de Lady Di en donde se ve como un avestruz es lanzado contra el auto que ocupaba. Ya el vehículo había quedado bastante hecho bosta al chocar a semejante animal y después lo mismo el conductor desorientado (que se estaría preguntando que carajo había pasado) se la dio de lleno contra una columna. Recientemente se generó un escándalo en los medios debido a los mensajes subliminales que se hallaron en “12 Años De Esclavitud”. Cada 30 segundos hay un fotograma, imperceptible a nuestra visión, en el que se ven distintas escenas con avestruces: Lady Gaga montada en un avestruz, Obama amamantando a un avestruz, la reina de Inglaterra tomando té con un avestruz, Madonna tomando sol junto a un avestruz, Messi haciéndole un caño a un avestruz y el papa Francisco arropando a un avestruz. La evidencia es avasalladora. En tiempos como estos cobra sentido el conocido dicho: “Si tienes en aprecio a tu ganso, no le toques los huevos al avestruz”.


Y el farmacéutico exaltado grito su piropo: ¡Te veo y siento que me disuelvo como un Redoxón!


La vio en medio de la pista. Tenía que conquistarla. Le clavó su mirada magnum. Ella siguió mirándolo fijo como si nada. Le lanzó su sonrisa de acero. Nada. Desesperado hizo con su cuerpo la silueta del flamenco en celo. Tampoco sirvió. Y entonces paralizado por el terror, pensó “No puede ser... voy a tener que Hablar. Pero si Hablo se va a dar cuenta que soy un idiota”. “Entonces mejor me agarro a otra”. Y eso hizo. Mientras tanto en el medio de la pista el maniquí de una mujer, que habían puesto para promocionar una marca de ropa, nunca se iba a enterar de lo que pasó.

Y allí, brillando en las profundidades de su ser, dentro de cada presidente, terrorista, estrella de cine, drogadicto, médico o vendedor de diarios; hay un niño que jugando con barro es feliz y no necesita nada más.


Llegará un día en que nuestro espíritu se haga uno con la Eternidad y pueda descansar. Llegará un día en el que nos veamos librados de las cargas de vivir en este mundo material. Mientras tanto, te pedí que juntaras la ropa del tendedero, hijo. No me rompas las pelotas y hagas que te lo repita.







domingo, 6 de abril de 2014

De la vida de los seres feéricos


Fragmentos del diario de Umlaut, el cabecilla de la aldea

  • Hoy sucedió algo increíble. De los cielos cayó un disco enorme de chocolate. Mientras nos lo morfábamos, descubrimos que tenía la palabra “Oreo” en su superficie. Ahora Oreo es nuestro dios (además de Lays y Marroc).
  • Una hormiga atacó al viejo Rofl. Tuvimos que amputarle todo menos la cabeza. La operación fue un éxito pero Rofl murió.
  • La celebración del solsticio de verano fue maravillosa. Hubo danza y jolgorio. Un silfo se pasó de rosca y explotó como una piñata después de tomar demasiada hidromiel. Los elfos no podían más. Uno se inyectó sabia de roble. Tuvimos que encerrarlo dentro de un sapo por unas semanas. Al otro día del festejo encontramos un hada muerta junto al río. Parece que fue violada por un troll.
  • Ese mago Merlín no me inspira confianza. Ha convencido a todos los del pueblo que voten por él. Sé que es un farsante. Cuando convirtió esa piedra en cheesecake fue un engaño. La gente estaba tan emocionada y expectante que no se dio cuenta que la torta estaba todavía en una caja. La caja decía “Graciela Franceschini”
  • Una horda de trasgos atacó la aldea. Estaban a punto de derrotarnos. Entonces no nos quedó otra que usar el arma mas terrible y repudiable. El wasabi. Lo encontramos después que unos humanos comieran sushi en el patio. Desde ese entonces nos posicionamos como una de las aldeas con mayor poder bélico. Hay una aldea al norte que tiene en su poder Sugus de menta. Ellos también han de ser temidos.
  • Hemos decidido dejar nuestro pueblo y emigrar. Unas palomas hicieron su nido justo arriba de nuestro poblado. Ya muerieron 46 habitantes aplastados por la cacona de estas aves del orto. Oreo, nuestro dios, nos ha abandonado.
  • Comenzamos a fabricar juguetes para venderle a los humanos. Todo iba viento en popa. Pasados unos meses llegaron los elfos mercenarios de Papa Noél. Reventaron todo. No quedó un yoyó sin romper, una muñeca de trapo sin decapitar... Hemos decidido finalmente irnos a Taiwán. Allí tal vez nos vaya bien trabajando 16 horas al día haciendo pelotas de fútbol.

Con la muerte de Sviln el nieto de Umlaut, en 2008, se declara extinta la especie llamada vulgarmente “Duende Chiflón”. A su entierro asistieron Harry Potter, Gandalf y uno de los minotauros peludos de Narnia.